Por Redacción
Ni la piña, ni la yuca, ni siquiera el banano se salvan. El narcotráfico ha elevado su ingenio a niveles de “alta costura” criminal, donde la droga se esconde en productos agrícolas con una precisión quirúrgica que sorprende a las autoridades. La más reciente incautación de cocaína, camuflada dentro de yucas que aparentemente salieron de una planta empacadora en la Zona Norte de Costa Rica, revela la sofisticación con la que operan estas redes.

Los expertos califican esta técnica como “arte narco”: extraen cuidadosamente la parte comestible del tubérculo para introducir cilindros de droga en su interior y luego sellan la cáscara de forma que resulte imperceptible a simple vista. Este trabajo no es improvisado. Se ejecuta en lugares especializados, con maquinaria adecuada y personal capacitado, lo que sugiere la complicidad de actores dentro de la cadena formal de exportación.
El caso más reciente ha generado indignación por varios motivos. Primero, por la destreza con la que se manipuló el producto; y segundo, por el hermetismo con que se maneja la información oficial. Ni el nombre de la empresa exportadora, ni la ubicación exacta de la empacadora, ni los responsables de la carga contaminada han sido revelados por las autoridades. Lo que sí es casi un hecho es que la yuca fue procesada en alguna de las principales zonas productoras del norte: San Carlos, Pital, Fortuna o Chachagua.

Reincidencia en frutas exportables
La piña, el café, el banano, la malanga y la yuca han sido utilizados recurrentemente por el narcotráfico como vehículos para trasegar cocaína hacia Europa y Estados Unidos. En los últimos años se han detectado múltiples casos, pero rara vez se conocen consecuencias judiciales claras ni empresas sancionadas. “Los procesos se diluyen, se enfrían y simplemente desaparecen del ojo público”, lamentan vecinos y representantes del sector agrícola.
Para muchos empresarios honestos, esto representa una doble amenaza: mientras deben lidiar con salarios altos, cargas sociales, seguros e impuestos, también tienen que enfrentar el riesgo de ser señalados o perjudicados por los actos de unos pocos que, a golpe de maleta contaminada, manchan la reputación del país como exportador.

Moín: epicentro de la guerra contra la droga
El hallazgo más reciente se dio en Moín, principal puerto de exportación del Caribe costarricense y foco clave de la lucha contra el narcotráfico. Gracias a la Operación Soberanía, que ha intensificado los controles, en lo que va del 2024 ya se han decomisado más de 13 toneladas de cocaína en este punto estratégico.
Los operativos incluyen escáneres de última generación, unidades caninas (K-9) altamente entrenadas, patrullajes constantes y coordinación con agencias internacionales para rastrear cargamentos sospechosos. En 2023, Costa Rica logró confiscar más de 71 toneladas de droga, un 40% de ellas interceptadas en puertos marítimos.

Exportadores bajo presión
El Ministerio de Seguridad ha reiterado el llamado a las plantas empacadoras del país a reforzar sus protocolos internos. “No se trata solo de cumplir con los requisitos fitosanitarios o de calidad; también deben ser barreras efectivas contra el narcotráfico”, indicaron las autoridades.
Cada incautación es una victoria parcial, pero también una advertencia: los narcos no descansan, y utilizan cualquier medio a su alcance —hasta un banano— para infiltrar sus productos en mercados internacionales. La presión recae ahora sobre el Estado para transparentar los procesos, sancionar a los responsables y proteger al sector agrícola honesto que ve con frustración cómo el crimen organizado pone en juego décadas de trabajo y reputación.

