Una de las personas más longevas del mundo, el sancarleño José Flores cumplió hoy 118 años

Don José Flores celebra sus 118 años: un símbolo de vida, historia y legado en San Carlos

Santa Rosa de Pocosol, San Carlos, 11 de julio de 2025 — En un rincón tranquilo de la Zona Norte costarricense, entre verdes campos y el murmullo constante de la naturaleza, un hombre centenario sigue escribiendo páginas memorables de la historia viva del país. Se trata de don José Flores Flores, quien hoy celebra 117 años de vida, convirtiéndose no solo en el ciudadano más longevo de Costa Rica, sino en uno de los más longevos del mundo.

Con mente clara, espíritu alegre y una memoria asombrosa, don José festejó este cumpleaños rodeado de su familia y comunidad en Santa Rosa de Pocosol, San Carlos. Su longevidad ha sorprendido incluso a expertos, pues rebasa con creces la marca centenaria que tan pocos alcanzan.

Un testigo de tres siglos

Nacido el 11 de julio de 1907 en Paso Lajas de Cañas, Guanacaste, don José ha sido testigo de transformaciones profundas en la historia de Costa Rica y del mundo. Desde los albores del siglo XX, ha vivido en carne propia guerras, migraciones internas, cambios políticos, avances tecnológicos y nuevas generaciones.

Criado por su abuela paterna, Silvestia Carrillo, tras ser abandonado por su madre en la infancia, don José emprendió desde joven una vida de migrante. Buscando oportunidades laborales, trabajó en fincas bananeras del Caribe, en la zona sur del país y hasta en Montezuma y Orotina. Finalmente, en 1968 —justo dos días antes de la erupción del volcán Arenal— se instaló en Pocosol, lugar que desde entonces ha sido su hogar.

Allí formó una familia con doña Ofelia Arias Badilla, con quien procreó 16 hijos, de los cuales ocho sobreviven actualmente. Además, reconoce como propios a cuatro hijos de una relación anterior de su esposa. Hoy su descendencia suma 23 nietos y 21 bisnietos.

El secreto de su longevidad

¿Cuál es la fórmula de don José para alcanzar tan avanzada edad con buena salud? Él mismo la resume sin misterios: comida sencilla y vida activa. Su dieta, rica en arroz, frijoles, tortillas, leche y verduras, y con escaso consumo de carne, ha sido constante durante décadas. A esto se suma una vida marcada por el trabajo físico en labores agrícolas y ganaderas, que inició desde la niñez.

Sin embargo, más allá de lo físico, él atribuye buena parte de su vitalidad al amor de su familia y a su fe inquebrantable en Dios. De hecho, comenta que su longevidad podría estar en los genes, pues su abuela paterna vivió hasta los 135 años, según registros civiles nicaragüenses.

Una vida que sigue dando frutos

A sus 117 años, don José no se detiene. Es un hombre activo, sociable, con un carácter afable y sentido del humor contagioso. Participa con regularidad en actividades del centro diurno del adulto mayor y se suma con entusiasmo a juegos de mesa y sesiones de baile. Es un ejemplo viviente de cómo la vejez no es sinónimo de decadencia, sino de experiencia, sabiduría y plenitud.

Quienes lo conocen, lo describen como un roble humano, símbolo de fortaleza, humildad y resiliencia. No solo guarda historias, sino que las transmite con la pasión de quien ha vivido intensamente y sabe que su legado puede ser una brújula para las nuevas generaciones.

Más allá de las cifras

Aunque Costa Rica es famosa por su península de Nicoya, reconocida mundialmente como una de las zonas azules por la alta concentración de personas centenarias, la historia de don José demuestra que la longevidad también puede florecer en otros rincones del país, cuando se conjugan factores como el entorno, la alimentación, la actividad física, el arraigo familiar y el optimismo.

Hoy, don José Flores Flores no solo celebra un año más de vida, sino que se convierte en un testimonio viviente del espíritu costarricense: trabajador, creyente, amoroso y profundamente humano.