EDITORIAL | DEA: las tres letras que desnudan al narcoimperio de la Zona Norte

En la Zona Norte de Costa Rica, tres letras están generando más efectos intestinales que un virus estomacal: DEA. Sí, la sola mención de la agencia antidrogas estadounidense, acompañada del anuncio del ministro de Seguridad, Mario Zamora, de que “van por ellos”, ha bastado para sembrar un pánico apenas disimulado entre muchos “empresarios” de traje fino y alma podrida.

Las constantes visitas al baño, y los surtidos de “Alca-D”, probablemente se han vuelto imprescindibles en las oficinas, fincas y mansiones de quienes, por años, han convertido esta región en un emporio del lavado de dinero y del narcotráfico, camuflados entre galardones, homenajes comunales y donaciones caritativas.

Ahora, con la reciente captura del exmagistrado Celso Gamboa, acusado de vínculos internacionales con redes criminales, la justicia empieza a romper una costra de impunidad que durante años ha infectado a esta región. Se trata de un golpe certero contra una red que no solo maneja drogas, sino que infiltra instituciones, compra conciencias y disfraza criminales de benefactores.

La detención del conocido “zar de la lotería” de la Zona Norte podría ser solo el principio. Detrás de él hay más: aquellos que por arte de magia, pasaron de jornalero a dueño de fincas en Nicaragua, Panamá o Colombia; que de manejar camiones hoy tienen flotillas, caballos finos, casas con piscina, carros de lujo y hasta equipos de fútbol.

Todos los conocemos. Todos los hemos visto. Y muchos aplauden, callan o se benefician. Porque en este juego de doble moral, hay instituciones que conocen perfectamente quién es quién, pero eligen mirar hacia otro lado mientras el dinero fluye.

Hay gobiernos locales que les dedican fiestas, cámaras que los exaltan como emprendedores, comunidades que los veneran por una cancha o un techo regalado, e incluso iglesias que los presentan como “hombres de fe”. Todo un montaje donde el dinero sucio se lava también con aplausos.

Pero el precio es altísimo: la normalización del delito, el ejemplo distorsionado para la juventud, la violencia y la pérdida de valores. El mensaje que se transmite es claro: para ser exitoso, no hace falta trabajar ni estudiar, solo saber moverse entre sombras.

Esta semana, sin embargo, el Poder Judicial dio señales de vida, y por primera vez en años, muchos sancarleños y vecinos de la Zona Norte volvieron a tener fe en la justicia. El mensaje ha sido contundente: la impunidad no es eterna.

A esos delincuentes de cuello blanco, disfrazados de pastores, dirigentes o gerentes ejemplares, la justicia ya les respira en la nuca. Que sepan que no tendrán la tranquilidad de antes, que no podrán dormir con la misma paz, porque los están siguiendo.

Los golpes de esta semana son solo una gota en un mar contaminado. Pero es una gota necesaria. Que sea el inicio de una verdadera limpieza. Porque ya es hora de quitarles la máscara a quienes por años han tenido a nuestros pueblos de rodillas, creyéndose invencibles.

La Zona Norte no puede seguir siendo el refugio dorado del narco ni el paraíso de los lavadores. Es hora de ponerles nombre, rostro… y sentencia.

? ¿Y qué ha pasado recientemente en la Zona Norte?

Los operativos de las últimas semanas confirman lo que la gente ya sabe, pero las autoridades apenas empiezan a actuar:

  • El OIJ ejecutó 11 allanamientos simultáneos en cantones como San Carlos y Guatuso para desmantelar bandas ligadas al narcotráfico y dos homicidios ocurridos a inicios del año. En estos operativos se incautaron drogas, armas, celulares y documentos claves.
  • En Guatuso, una joven de 24 años, parte de una red vinculada al conocido líder criminal alias “Diablo”, fue detenida. Se le decomisó marihuana, cocaína y más de un millón de colones en efectivo. Esta estructura recibió recientemente una condena conjunta de más de 321 años de cárcel.
  • También en Guatuso, fue capturado el presunto distribuidor conocido como “Manzano”, quien operaba un punto de venta de marihuana y crack. Su operación era de menudeo y tenía presencia activa en varias comunidades.
  • En Cutris de San Carlos, las autoridades interceptaron un cargamento de 250 frascos de ketamina procedentes de Nicaragua. Este potente anestésico es utilizado como droga de abuso y se relaciona con delitos sexuales.
  • A esto se suma el decomiso reciente de múltiples vehículos de lujo, armas de fuego, celulares encriptados, ganado de alto valor y documentos que podrían vincular a más personas e instituciones con estas estructuras.

El mensaje es claro: no es paranoia, no es persecución política ni moralina. Es justicia.

La DEA ha puesto los ojos en Costa Rica y el Ministerio de Seguridad lo ha dicho sin rodeos: la Zona Norte ya no es un paraíso intocable. Y esta vez, parece que las promesas se están cumpliendo.

Muchos de estos criminales, celebrados ayer en fiestas patronales o premiados por asociaciones comunales, hoy deben preocuparse por lo que viene: la caída de su imperio construido sobre el dolor, la droga y el silencio comprado.

Que esta ola de operativos y detenciones no sea una excepción, sino el principio de una nueva realidad. Porque los pueblos del norte merecen una vida libre de miedo, corrupción y narcos con sotana o saco y corbata.