Cuando Edgar Durán Mora, más conocido en la Zona Norte como “Pepe”, llegó a Guatuso lo hizo como un humilde vendedor de chances, según la autoridades , aunque los lugareños aseguran que “Pepe” según crió en Guatuso
Nadie imaginó entonces que aquel hombre silencioso, oriundo de Alajuelita, según la policía , terminaría siendo apodado “El Zar de la Lotería”, dueño de un imperio económico que se extendió como pólvora por todo el norte del país.

En menos de diez años, Pepe pasó de vivir con lo justo a levantar edificaciones de más de ¢800 millones en Guatuso, alquilar locales a compañías como Liberty, y comprar decenas de propiedades en La Fortuna, San Carlos y hasta Guanacaste. Algunos vecinos, entre la incredulidad y la burla, decían que ya era “dueño de medio Guatuso”. El ascenso fue tan acelerado como desconcertante.

El primer paso de su reinado fue la colocación de pequeños kioscos de madera para la venta de lotería, que bautizó como “Puestos de Lotería Mora”. Pronto, estos modestos espacios se multiplicaron a lo largo de la Zona Norte, colocados estratégicamente a la orilla de calles y avenidas.
Luego, los kioscos se convirtieron en locales bien estructurados, y el negocio empezó a diversificarse: maquinitas, licores, librerías y hasta una flotilla de autos de lujo formaban parte de su creciente patrimonio.

Pero tras el éxito aparente, se escondía una aparente maquinaria bien aceitada para el lavado de dinero. Según las autoridades del OIJ, Mora utilizaba estos puestos como fachada para introducir capitales obtenidos de forma ilícita, principalmente mediante lotería clandestina.
Se calcula que llegó a operar hasta 300 kioscos en Guatuso, San Carlos, La Fortuna, Los Chiles, San José y Guanacaste. Todo con la ayuda de un funcionario de la Junta de Protección Social (JPS), ahora imputado por su rol clave en los trámites y sistemas tecnológicos que facilitaron la expansión del emporio.
La investigación conocida como el caso “Tómbola” reveló que en 2010, con apenas 30 años, Mora ingresó al sistema oficial de vendedores de la JPS con una inversión inicial de ¢20 millones. Un monto que llamó la atención, pues en los años previos reportaba ingresos de tan solo ¢70.000 a ¢231.000 mensuales por labores agrícolas y cría de animales.
La sorpresa fue aún mayor cuando se comprobó que miembros de su familia habían sido detenidos en Nicaragua por tráfico de drogas en 2015, y tras regresar al país, supuestamente se integraron al clan que blanqueaba activos.

Con la legalidad como escudo, el negocio creció sin parar. Incluso llegó a tener su propio taller para fabricar kioscos con logotipos de la JPS. Entre 2021 y 2022, su patrimonio superó los ¢1.000 millones, según el OIJ. Era evidente que “algo más” alimentaba su fortuna.
En Guatuso, son muchos los que aún defienden la figura de Edgar Mora. Lo recuerdan como un hombre trabajador, visionario y generoso, que dio oportunidades laborales a decenas de personas cuando pocos apostaban por invertir en la zona, incluso critican a la policía por su detención y aseguran que Pepe construyó si capital legalmente a puro sudor.
Para sus allegados, cuesta creer que aquel que levantó negocios en cada esquina sea ahora señalado como el cabecilla de una red criminal dedicada al lavado de dinero.
Sin embargo, los hechos hablan por sí solos. En el momento en que las autoridades intentaron capturarlo, Mora huyó del lugar y sus guardaespaldas abrieron fuego contra los agentes judiciales.
En sus propiedades al parecer fueron incautadas varias armas de grueso calibre, incluyendo algunas de uso restringido en el país, lo que refuerza las sospechas de que su imperio iba más allá de la venta de lotería.
Con la caída del “Zar de la Lotería”, más de 300 puestos de venta quedaron fuera de operación de la noche a la mañana. Decenas de personas que laboraban en ellos se quedaron sin empleo, sin salario y sin ningún respaldo legal para reclamar derechos laborales, ya que muchos de los negocios operaban sin registros formales ni contratos.
La Fiscalía ordenó la inmovilización de al menos 70 propiedades valoradas en ¢650 millones y 71 vehículos, muchos de ellos de lujo, que suman ¢740 millones. Además, se decomisaron ¢362 millones en efectivo, $32 mil dólares, maquinaria pesada, una embarcación, armas de fuego, joyas y hasta 34 bolsas de leche en polvo, parte de una lista tan variada como reveladora.

Así, el hombre que llegó con una cartuchera de chances y sueños a Guatuso, terminó por construir un imperio económico que, aunque floreció a plena vista de todos, se desmorona ahora bajo la lupa de la justicia. Y en medio de esa caída, queda la lección de cómo una historia de aparente superación puede esconder una trama tan compleja como peligrosa.

Edgar Mora Durán, presunto cabecilla del caso Tómbola