A 51 años de la tragedia de La Angostura en Puntarenas: el puerto nunca olvidó

El 13 de septiembre de 1975, Puntarenas amaneció como cualquier otro día. El sol brillaba sobre el estero, la brisa marina acariciaba las calles y el bullicio del puerto anunciaba una jornada normal. Sin embargo, a las 9:50 de la mañana, la rutina se quebró con un hecho que marcaría para siempre la memoria de los porteños: la tragedia de La Angostura.

Un autobús, viejo y con exceso de pasajeros, avanzaba rumbo al centro de Puntarenas. Había recogido a varias personas frente al Hospital Monseñor Sanabria, entre ellas familias completas y estudiantes que regresaban de sus clases. Se estima que a bordo viajaban cerca de 70 personas.

Cuando la unidad llegó al estrecho tramo conocido como La Angostura, un fuerte estallido —similar al de una llanta reventada— alteró la calma. El conductor, Antonio Nacarato, intentó controlar el bus, pero este comenzó a balancearse violentamente. En cuestión de segundos, la máquina se desvió hacia la derecha, donde no existían barreras de protección, y se precipitó al estero.

El instante del horror

El agua, que había empezado a bajar con la marea, se convirtió en trampa mortal. Los pasajeros desesperados intentaban salir por las ventanas mientras el vehículo se hundía lentamente. Entre gritos y golpes, la confusión dominó el ambiente.

En medio del caos, emergió la figura de un héroe: Antonio Obando, un joven de 15 años que logró nadar hasta la orilla. Pero no se detuvo ahí: regresó al agua varias veces y consiguió salvar a tres personas. Su valentía le costó la vida, pues en su último intento ya no regresó.

La escena fue desgarradora. Algunos sobrevivientes recordaron cómo niños eran empujados en medio de la desesperación, y cómo familias enteras quedaron atrapadas bajo el agua.

Puntarenas en luto

La noticia se regó rápidamente y decenas de voluntarios llegaron al sitio para ayudar en el rescate. Los cuerpos sin vida fueron trasladados al Hospital Monseñor Sanabria, donde se vivieron momentos indescriptibles de dolor. Cada familia que llegaba debía enfrentar la amarga tarea de reconocer a sus seres queridos.

En total, 50 personas fallecieron: 34 adultos y 16 niños. La tragedia golpeó prácticamente a todo Puntarenas, donde era difícil encontrar a alguien que no conociera a una víctima.

Entre los testimonios más recordados está el de Juan de Dios Sáenz Vásquez, un hombre ciego que milagrosamente logró sobrevivir. No corrió con la misma suerte su lazarillo, Juan Ramón Ferreto, un niño de 13 años que murió ahogado.

Un eco de injusticia

El autobús pertenecía a un hombre de apellido Pérez y apenas contaba con el seguro obligatorio, que cubría un monto de ?50.000 colones. Esto significó que el Instituto Nacional de Seguros (INS) únicamente pagara ?1.000 por cada fallecido, una suma irrisoria frente al dolor de las familias y las dimensiones de la tragedia.

La falta de medidas de seguridad en el tramo, sumada al mal estado de la unidad, evidenció los vacíos en la regulación del transporte público y dejó un fuerte debate sobre la responsabilidad en este tipo de accidentes.

Una herida que no cierra

Cada aniversario de aquel 13 de septiembre, Puntarenas recuerda a las víctimas de La Angostura. Para muchos sobrevivientes y familiares, el tiempo no borró las imágenes de aquel día, ni el eco de los gritos que se mezclaron con el agua del estero.

Hoy, 49 años después, la tragedia se mantiene viva en la memoria del puerto, como una de las páginas más oscuras de la historia vial de Costa Rica, pero también como un recordatorio de la fuerza y el dolor compartido de una comunidad que aprendió a llorar junta.