”Congreso huele a sangre”: Chaves teme la humillación y el reparto de sus vestiduras

Editorial | Rodrigo Chaves: la soledad de un presidente que eligió el orgullo sobre la política

Rodrigo Chaves no estará en el Congreso el lunes, cuando los diputados decidan si le levantan la inmunidad. No irá a ver cómo se reparten sus vestiduras porque sabe que el espectáculo no le favorecerá. Su silla vacía será un símbolo de lo que hoy es su presidencia: un liderazgo debilitado, sostenido apenas en discursos televisivos y cada vez más distante de la realidad política.

El mandatario alega que la sesión es un “show”. Pero lo cierto es que teme a la humillación de presenciar cómo, uno tras otro, los votos podrían sumar los 38 necesarios para dejarlo expuesto ante la justicia. El Congreso, al que ha insultado y minimizado desde el inicio de su gestión, podría ahora darle la estocada más dura: despojarlo del fuero que lo protege.

Un presidente acorralado por su propia estrategia

Chaves construyó su poder sobre la confrontación. Convirtió al Congreso en enemigo, lo responsabilizó de cada fracaso y nunca buscó acuerdos más allá de lo que sirviera a su narrativa. Esa guerra constante ha sido el corazón de su débil gestión, pero también la causa de su aislamiento. Hoy paga la factura de su incapacidad para negociar con humildad y de haberse ahogado en un orgullo que lo llevó a despreciar el oficio político.

Confiado en un respaldo popular que en sus primeros meses parecía sólido, el presidente se atrincheró en el “pueblo” y se olvidó de que gobernar exige tender puentes. El problema es que ese apoyo ya no es el mismo: las encuestas reflejan un desgaste evidente y una caída en la confianza hacia su figura. En plena víspera de un año electoral, ningún partido está dispuesto a cargar con el costo político de protegerlo.

El Congreso huele la sangre

Los diputados, que durante meses soportaron ataques directos del mandatario, ven ahora la oportunidad de enviar un mensaje: el poder presidencial tiene límites. El informe de mayoría de la comisión especial fue un primer paso, y las bancadas opositoras se muestran cada vez más inclinadas a concretar el desafuero. La aritmética legislativa no es definitiva, pero por primera vez los 38 votos parecen estar al alcance.

El oficialismo está fracturado, el PLN coquetea con la idea de votar en bloque, y fracciones como el PUSC, el Frente Amplio y el PLP ya anunciaron su respaldo. En ese contexto, la ausencia de Chaves solo acentúa su soledad.

Una opinión pública dividida

El país observa con atención. Para algunos, Chaves sigue siendo el presidente que se enfrenta a una clase política desacreditada. Para otros, es un mandatario que se mueve en la línea de la corrupción, con el caso BCIE-Cariñitos como ejemplo de prácticas que desdibujan su discurso de transparencia. Esa división erosiona su imagen y deja al descubierto la fragilidad de su relato de “outsider incorruptible”.

La hora de la verdad

El lunes no se definirá únicamente el futuro judicial de Rodrigo Chaves, sino el rumbo político de Costa Rica. Si el Congreso alcanza los votos para desaforarlo, el país entrará en un terreno inédito: un presidente en ejercicio sin inmunidad y a merced de la Fiscalía. Si no, la herida quedará abierta y su legitimidad continuará debilitada.

Pero pase lo que pase, el mandatario ya perdió algo esencial: la capacidad de encarar de frente a sus adversarios políticos. Al no estar presente en el Plenario, Chaves no evita la derrota; la amplifica. Porque lo que quedará grabado en la memoria colectiva no será solo la votación, sino la ausencia de un presidente que, en su hora más oscura, eligió esconderse detrás del orgullo.