Pregúntele a la fiscal Adriana Rodríguez, de San Carlos.*
La historia de Chorreras, una comunidad rural nacida hace cuatro décadas en Cutris de San Carlos, terminó en manos de una fiscalía que actuó sin una sola base técnica.
Y ahora los propios ministerios lo están reconociendo por escrito.
La fiscal Adriana Rodríguez impulsó una acusación penal contra familias campesinas sin pedir un estudio agrario del INDER, sin requerir un informe ambiental del MINAE, sin solicitar criterio de SETENA, y sin verificar la historia rural que desde 1982 existe en los archivos del Estado.

Así de frágil fue el castillo de naipes sobre el que se criminalizó a decenas de costarricenses.
Mientras la Fiscalía construyó un caso a ciegas, el MINAE admite ahora que está apenas remitiendo la denuncia para que la analicen técnicamente.
Y el INDER, en un golpe demoledor para la acusación fiscal, reconoce por escrito que necesita 30 días adicionales para investigar lo que la fiscal nunca quiso revisar.

Ese solo hecho lo dice todo:
la acusación penal que destruyó Chorreras se hizo sin evidencia técnica, sin sustento ambiental y sin soporte agrario.
**¿Y el Gobierno?
Brilló por su ausencia.**
Ningún ministro pidió estudios.
Ningún ministro exigió explicaciones.
Ningún ministro detuvo un operativo que se ejecutó basado en suposiciones, no en ciencia ni en derecho.
Las preguntas que la fiscal Adriana Rodríguez le debe responder a Costa Rica son simples y graves:
- ¿En qué se basó para perseguir penalmente a una comunidad entera?
- ¿Quién le autorizó a ejecutar acciones sin informes ambientales?
- ¿Por qué nunca solicitó el estudio agrario obligatorio del INDER?
- ¿Cómo justificó un operativo que ni siquiera los ministerios involucrados tenían documentado?
La verdad es esta:
Chorreras fue arrasada sin técnica, sin humanidad y sin legalidad.
Y quienes permitieron semejante atropello tendrán que responderle a la comunidad, a la Zona Norte y al país.
Porque destruir una comunidad de 40 años no es justicia.
Es abuso de poder.
Y Costa Rica merece saber quién lo ordenó.

