En Crucitas ya no se cuentan los días, ni los meses… se cuentan las arrugas, porque aquella señora a la que Rodrigo Chaves prometió un “soluciones y desarrollo” presidencial en 2022 sigue esperando como quien aguarda un bus que nunca pasa.
El 16 de julio del 2022, el Presidente llegó a Crucitas, se embarrialó los zapatos, sonrió para la foto, consoló a unos cuantos y repartió promesas como si estuviera regalando cupones de supermercado. Habló de soluciones, de seguridad, de intervención estatal… y cuatro años después, ni el desarruga, ni la solución, ni la seguridad, ni la intervención han aparecido.

Crucitas hoy: un territorio olvidado, saqueado y contaminado
Lo que sí llegó —y en exceso— fue el abandono.
Crucitas vive hoy una realidad tan cruda como el mismo oro que le arrancan a punta de piocha:
?? Delincuencia desatada
Los grupos criminales mandan más que cualquier autoridad.
Las noches se llenan de balaceras, asaltos, extorsiones y ajustes entre bandas que controlan el tráfico de oro, armas, drogas y personas. La presencia policial es mínima y, cuando aparece, lo hace tarde y mal.
?? Coligalleros ilegales por montones
Miles de coligalleros entran y salen como si aquello fuera frontera abierta.
Controlan campamentos enteros, destruyen el bosque, excavan túneles peligrosos, vulneran fincas privadas y operan a plena luz del día.
Los pocos vecinos que quedan sienten que viven en tierra ajena.
Pueblos destruidos: el caso de Chorreras
Chorreras, comunidad vecina, es un ejemplo de lo que dejó la minería ilegal y la indiferencia estatal:
casas derribadas, terrenos arrasados, familias desplazadas, comunidades fantasma.
Un pueblo que literalmente quedó hecho polvo mientras gobierno tras gobierno se pasa la responsabilidad como si fuera una papa caliente.
Contaminación con cianuro y mercurio
Los ríos están enfermos.
El agua que antes servía para vivir hoy es símbolo del veneno que corre por Crucitas.
Las quebradas están cargadas de cianuro, mercurio y residuos tóxicos producto de la extracción clandestina.
La fauna muere, el suelo se agota y la salud de los habitantes se deteriora sin que nadie haga nada.
Indocumentados explotados y abandonados
Miles de migrantes trabajan en condiciones infrahumanas dentro de los campamentos ilegales:
explotados, mal pagados, sin seguridad, sin derechos, sin nombre.
Si enferman, desaparecen. Si mueren, nadie los reclama.
Una economía rota y sin alternativas
No hay empleo formal, no hay proyectos de desarrollo, no hay conectividad, no hay caminos dignos.
Crucitas es un triángulo perfecto para el desastre: un territorio rico en oro, pero pobre en todo lo que un ser humano necesita para vivir dignamente.
La gran herencia de aquella visita presidencial
Chaves se llevó el barro en los zapatos, las fotos emotivas y la narrativa de que por fin un Presidente puso pie en Crucitas.
Crucitas, en cambio, se quedó con:
- la contaminación
- la minería ilegal
- la delincuencia
- la pobreza
- los coligalleros
- los campamentos criminales
- los ríos envenenados
- los caminos destruidos
- y la eterna promesa del “desarruga”.
Hoy, cuatro años después, la señora de Crucitas no solo sigue esperando la crema milagrosa…
también espera que algún gobierno —de cualquier color— deje de usar la miseria de su pueblo como escenario para discursos y fotos.
Porque si algo está claro es que en Crucitas, las promesas se evaporan, pero los problemas se quedan.
