De la droga a la superación: la historia de lucha de Agustín, un ejemplo que deja huella

Agustín Alonso Carvajal Benavides nunca ocultó su pasado. Al contrario, lo contó para que su historia sirviera de esperanza a otros. Años atrás, narró a este medio una vida marcada por el dolor: una infancia atrapada entre la droga, la rebeldía, el hambre y las calles de Alajuela, donde —según sus propias palabras— solo le esperaba la muerte.

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Cuando lo conocimos, hace 18 años, era apenas un menor de edad que había tocado fondo. Dormía en las calles, había abandonado la escuela y su familia, y su mundo se había reducido a la adicción y la sobrevivencia diaria. Pese a haber pasado por otros centros, no lograba salir del consumo.

Su historia dio un giro cuando Roberto Martínez, hoy también fallecido, lo encontró en la calle y le ofreció una oportunidad en el Centro de Restauración Vida Nueva, en Garabito de Aguas Zarcas. No fue una decisión fácil, pero agotado por la droga, Agustín decidió darse una nueva oportunidad. Llegó al centro, inició terapia, trabajó en labores agrícolas y, según él mismo relató, abrió su corazón a la fe como parte de su proceso de sanación.

La recuperación fue profunda. Agustín terminó la secundaria, descubrió su pasión por el deporte y se destacó en atletismo, triatlón y natación. Compitió con el equipo de San Carlos y ganó decenas de pruebas, convirtiéndose en un referente del atletismo regional. Paralelamente, estudió en la Universidad Técnica Nacional, donde se graduó como ingeniero en informática.

Con esfuerzo y disciplina, dejó atrás la adicción y construyó una vida nueva. Era un joven exitoso, deportista, profesional y muy querido en la comunidad de Aguas Zarcas, donde su historia era vista como un caso extraordinario de superación.

Esa vida fue truncada el pasado 26 de diciembre, cuando Agustín fue asesinado en la misma propiedad donde años atrás había iniciado su proceso de rehabilitación. Su muerte violenta, investigada por el OIJ, ha causado profunda consternación y reabrió líneas de investigación por tratarse del segundo homicidio ocurrido en el mismo sitio en pocas semanas.

Más allá del crimen, queda su legado: la prueba de que incluso desde los contextos más duros es posible levantarse, cambiar el rumbo y conquistar sueños. La historia de Agustín no termina con su muerte; vive en cada persona que encuentre en su camino una razón para no rendirse.