Así logró la CIA infiltrarse en el gobierno de Nicolás Maduro y vigilar su paradero antes de su detención
Por Redacción | 04 de enero de 2026, 08:16 h
La captura de Nicolás Maduro no fue un hecho fortuito ni producto de una acción improvisada. Detrás del operativo hubo meses de trabajo de inteligencia encubierta, una red de informantes dentro del propio aparato estatal venezolano y un despliegue tecnológico sin precedentes en la región, según revelaron personas con conocimiento directo de la operación.
De acuerdo con estas fuentes, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) consiguió infiltrarse en círculos clave del gobierno venezolano, lo que le permitió conocer en tiempo real la ubicación y los desplazamientos del líder chavista en las horas previas a su detención por fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos.
Agentes encubiertos y una fuente clave dentro del poder
Desde agosto de 2025, la CIA habría mantenido un grupo reducido de agentes operando clandestinamente en Venezuela. Su misión principal era establecer contactos, validar información y reconstruir el llamado “patrón de vida” de Maduro: sus rutinas diarias, cambios de itinerario, medidas de seguridad y lugares habituales de resguardo.
Una pieza central de ese engranaje fue una fuente ubicada dentro del gobierno venezolano, cuya identidad no ha sido revelada. Esta persona habría proporcionado datos sensibles sobre movimientos, reuniones y traslados del mandatario, información que luego era contrastada con otros sistemas de vigilancia.
Exfuncionarios estadounidenses señalaron que la recompensa de hasta 50 millones de dólares ofrecida por Washington por información que condujera a la captura de Maduro pudo haber sido un factor decisivo para lograr esa colaboración interna.
Vigilancia aérea y tecnología furtiva
La inteligencia humana fue complementada con una flota de drones de perfil furtivo, capaces de operar sin ser detectados por los sistemas de defensa venezolanos. Estos dispositivos permitieron mantener una vigilancia casi constante sobre distintos puntos del país, especialmente en zonas donde se presumía que Maduro podría refugiarse.
Gracias a esta combinación de fuentes humanas y vigilancia aérea, los analistas estadounidenses lograron ubicar con precisión al mandatario desde las primeras fases de planificación del operativo. Un alto funcionario describió la situación afirmando que Maduro estaba “intervenido”, es decir, localizado con exactitud y bajo seguimiento permanente.
Un cambio de estrategia en Washington
La operación se desarrolló en el marco de un endurecimiento de la política estadounidense hacia Venezuela. Durante su audiencia de confirmación, el director de la CIA, John Ratcliffe, había prometido una agencia más agresiva y dispuesta a ejecutar operaciones encubiertas no solo para obtener inteligencia, sino también para respaldar los objetivos estratégicos de Estados Unidos.
Ese giro se consolidó cuando el presidente Donald Trump autorizó, en el otoño de 2025, un mayor margen de acción para la CIA. En noviembre, aprobó formalmente la planificación y preparación de una serie de operaciones en territorio venezolano, en coordinación con el Departamento de Defensa.
Como parte de esa escalada, a finales de diciembre un dron armado estadounidense atacó un muelle que, según autoridades de ese país, era utilizado por una banda venezolana para el tráfico de drogas.
Coordinación con fuerzas militares
Aunque la CIA jugó un papel clave en la recopilación de inteligencia y en la planificación, la detención de Maduro fue ejecutada como una operación de aplicación de la ley por fuerzas de operaciones especiales del ejército estadounidense.
Personas cercanas al proceso describieron el operativo como el resultado de “meses de planificación meticulosa” y una estrecha colaboración entre la comunidad de inteligencia y los mandos militares. La información proporcionada por la CIA permitió reducir riesgos y definir el momento exacto para actuar.
Un impacto regional
La captura de Maduro ha generado un fuerte impacto político en América Latina y el Caribe. Países aliados como Cuba han entrado en estado de alerta ante la posible pérdida de un socio estratégico clave, especialmente en materia energética y económica.
Al mismo tiempo, el caso expone el alcance de las operaciones encubiertas de Estados Unidos en la región y reabre el debate sobre soberanía, derecho internacional y el uso de la inteligencia como herramienta de presión geopolítica.
Lo ocurrido marca un antes y un después en la crisis venezolana y podría redefinir el equilibrio de poder en la región en los próximos meses.

