Periodismo bajo la lupa: señalamiento contra periodista abre debate ético y legal

Un reciente informe de la Unidad de Cibercrimen ha generado una fuerte polémica al vincular al periodista Douglas Sánchez, director del canal Opa!, en presuntas conversaciones donde habría sugerido a varias mujeres tender una trampa al entonces jefe del OIJ, Randall Zúñiga, proponiendo “montarle una cama” y citarlo en un motel.

El caso, que mezcla denuncias por presuntos delitos sexuales, disputas personales y supuestas estrategias para comprometer la vida privada de un funcionario público, ha escalado más allá de lo judicial para instalar un debate profundo sobre los límites éticos del ejercicio periodístico en Costa Rica.

Un periodismo que cruza la línea

El rol del periodista en una sociedad democrática es claro: investigar, contrastar fuentes, fiscalizar el poder y brindar información veraz a la ciudadanía. Sin embargo, cuando un comunicador pasa de documentar hechos a diseñar estrategias para provocar situaciones que puedan comprometer a una persona, se abre una grieta ética significativa.

La línea se cruza cuando:

  • Se incentiva la manipulación de hechos en lugar de investigarlos.
  • Se participa activamente en la construcción de escenarios con fines de exposición pública.
  • Se antepone el impacto mediático a la veracidad y la integridad.
  • Se instrumentaliza a denunciantes para obtener un resultado predeterminado.

El periodismo no puede convertirse en actor del hecho que pretende cubrir. Hacerlo no solo compromete la objetividad, sino que puede configurar responsabilidades legales

En Costa Rica, la libertad de prensa está protegida por el Artículo 29 de la Constitución Política, que garantiza la libre expresión del pensamiento sin censura previa. Sin embargo, esta libertad no es absoluta.

También entran en juego:

  • Artículo 28 constitucional: protege la libertad individual, pero establece límites cuando se afectan derechos de terceros.
  • Código Penal de Costa Rica, particularmente figuras como:
    • Difamación (Art. 145)
    • Calumnia (Art. 147)
    • Injuria (Art. 146)
  • Posibles implicaciones penales si existiera instigación, conspiración o participación en la comisión de un delito.

Además, el ejercicio del periodismo está guiado por principios éticos recogidos en códigos deontológicos internacionales como los de la Sociedad Interamericana de Prensa y la UNESCO, que establecen deberes claros:

  • Veracidad.
  • Independencia.
  • Responsabilidad social.
  • Respeto a la dignidad humana.
  • No manipulación de fuentes ni de información.

Cuando un periodista deja de ser observador crítico para convertirse en promotor de una acción con posible intención de dañar reputaciones o inducir hechos, podría enfrentar no solo sanciones morales y reputacionales, sino también consecuencias jurídicas.

Las denuncias y el entramado

Las mujeres que denunciaron a Randall Zúñiga lo acusaron de violación. Sin embargo, según el informe de Cibercrimen, conversaciones digitales revelarían posibles motivaciones personales, incluyendo celos y rivalidades.

A esto se suma el señalamiento hacia la presidenta del Inamu, Yerlin Zúñiga, quien según otra mujer involucrada habría ofrecido beneficios sociales y estudios a cambio de presentar denuncias contra el director del OIJ. Estos elementos agregan una dimensión política y social que complica aún más el panorama.

Mientras tanto, el abogado defensor de Zúñiga, Federico Campos Calderón, sostiene que se trata de un montaje. Un informe médico forense que descartó enfermedades de transmisión sexual ha sido presentado como parte de la defensa.

Cabe recalcar que todas las personas involucradas gozan del principio de presunción de inocencia mientras no exista una sentencia firme.

¿Hasta dónde puede llegar un periodista?

El periodismo investigativo puede implicar técnicas encubiertas, grabaciones ocultas o infiltraciones, siempre que estén justificadas por un interés público superior y se respeten límites legales. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre documentar un delito y provocarlo.

Un periodista rebasa la línea ética cuando:

  • Crea el hecho que luego reporta.
  • Manipula testimonios.
  • Ofrece incentivos para fabricar denuncias.
  • Utiliza la información como herramienta de presión.
  • Actúa con conflicto de interés no revelado.

En esos casos, se transforma de informador a protagonista, debilitando la credibilidad no solo personal, sino de toda la profesión.

Más allá de la eventual responsabilidad individual, el daño mayor es institucional. Cuando se percibe que actores de la prensa, entidades públicas y figuras judiciales participan en maniobras cruzadas, la confianza ciudadana se erosiona.

El OIJ, el Inamu y el gremio periodístico quedan expuestos a cuestionamientos. Y en una democracia, la credibilidad es un activo frágil.

Costa Rica necesita un periodismo fuerte, pero también éticamente sólido. La libertad de prensa es pilar democrático, pero su abuso puede convertirse en su mayor amenaza. Investigar no es conspirar. Denunciar no es fabricar. Informar no es manipular.

Cuando el periodista cruza la frontera moral en la búsqueda de la noticia, no solo arriesga su reputación, sino que hiere la esencia misma del oficio: servir a la verdad y a la ciudadanía.