Un episodio insólito —y para muchos indignante— quedó grabado en la historia reciente de Costa Rica. Ocurrió el 11 de abril de 1981, cuando el gobierno de Nicaragua entregó a Costa Rica una urna que supuestamente contenía los restos del héroe nacional Juan Santamaría, caído en la Batalla de Rivas durante la lucha contra el filibustero William Walker.
La ceremonia se realizó con todos los honores en la frontera de Peñas Blancas. En la escena participaron figuras clave como el entonces mandatario costarricense Rodrigo Carazo Odio y un joven Daniel Ortega, quien formaba parte de la Junta de Gobierno nicaragüense. La coincidencia no podía ser más simbólica: se conmemoraban 125 años de la gesta heroica de Santamaría.
Los restos fueron recibidos con solemnidad en Alajuela, donde incluso se realizaron ceremonias religiosas y actos oficiales. Para el país, se trataba del regreso del símbolo máximo del patriotismo nacional.
Sin embargo, la historia dio un giro inesperado pocos meses después.
Un análisis realizado por especialistas costarricenses determinó que los huesos no correspondían a ningún ser humano. El informe fue contundente: se trataba de restos de animales, específicamente huesos de vaca y mono.
El hallazgo cayó como un balde de agua fría. Lo que inicialmente fue un acto cargado de simbolismo terminó convirtiéndose en una de las mayores controversias diplomáticas y culturales entre ambos países. La indignación fue tal que la urna fue devuelta de inmediato a Nicaragua.
A pesar del escándalo, el gobierno sandinista nunca reconoció el error ni ofreció disculpas, e incluso insistió en la autenticidad de los restos.
Desde entonces, el 11 de abril no solo recuerda la valentía de Juan Santamaría en la Guerra Nacional, sino también este curioso —y polémico— episodio que muchos consideran una “bofetada” a la identidad costarricense.
Una historia que parece sacada de ficción, pero que ocurrió en la vida real… y que aún hoy sigue generando debate.

