Un modelo innovador de producción de piña libre de pesticidas, desarrollado en Costa Rica, avanza como uno de los mayores logros en sostenibilidad agrícola a nivel mundial. Sin embargo, enfrenta un reto clave: el mercado internacional aún no logra comprender ni pagar por ese valor diferencial.
La iniciativa es impulsada por la empresa Piñas Cultivadas de Costa Rica (PCC), parte del Grupo Los Nacientes, que tras más de ocho años de investigación ha conseguido producir piña sin pesticidas a escala comercial, manteniendo costos similares a los del sistema convencional. Este avance rompe un paradigma en la agroindustria, donde la sostenibilidad suele implicar mayores costos y precios finales más altos.

De la madera a la innovación agrícola
El origen del grupo empresarial se remonta a 1985, cuando su fundador, Luis Arturo Salazar, inició con plantaciones forestales de melina en Sarapiquí. Con el paso de los años, la empresa evolucionó hacia un modelo diversificado que hoy incluye operaciones en Costa Rica y Nicaragua, con miles de hectáreas productivas y una red comercial consolidada.

La incursión en la piña surgió como una estrategia de diversificación tras la crisis del sector maderero en 2008. No obstante, desde el inicio, el proyecto estuvo marcado por una interrogante: ¿era posible producir piña de forma sostenible y rentable al mismo tiempo?
El peso de la industria piñera
Costa Rica se ha consolidado como el mayor exportador de piña fresca del mundo, impulsado principalmente por la variedad MD2, que domina el mercado internacional por su sabor, dulzura y vida útil.
En 2025, las exportaciones alcanzaron los 1.315 millones de dólares, con Estados Unidos y la Unión Europea como principales destinos. Este liderazgo se sustenta en décadas de experiencia logística, apertura comercial y conocimiento técnico acumulado.
Sin embargo, el crecimiento del sector también ha estado acompañado de cuestionamientos por impactos ambientales, uso intensivo de agroquímicos y condiciones laborales, lo que ha obligado a la industria a replantear sus prácticas bajo estándares más sostenibles.
Un modelo basado en economía circular
La propuesta de PCC se diferencia por su enfoque integral. El sistema productivo incorpora principios de economía circular:
- Uso de residuos de piña para alimentar ganado.
- Producción de fertilizantes naturales (bioles) mediante biodigestores.
- Aplicación de microalgas como bioestimulantes.
- Uso de extractos botánicos (ajo, jengibre, chile, neem) para control de plagas.
- Implementación de hongos benéficos en biolaboratorios.
Este modelo permite sustituir hasta el 82% de los insumos químicos convencionales, sin afectar el rendimiento ni el tamaño del fruto.
Además, la empresa cuenta con certificaciones internacionales como Rainforest Alliance y GlobalGAP, así como el aval de producción libre de pesticidas, lo que respalda su propuesta ante mercados exigentes.
El problema: una categoría que no existe
A pesar de estos avances, el principal obstáculo es comercial. El producto no encaja en las categorías tradicionales:
- No es convencional, porque reduce drásticamente el uso de químicos.
- No es orgánico, porque aún utiliza ciertos fertilizantes sintéticos en etapas específicas.
Esta posición intermedia genera confusión entre compradores y distribuidores, quienes suelen operar bajo esquemas claros y definidos.
El problema se agrava porque el consumidor final rara vez conoce el origen de la fruta. Grandes transnacionales dominan la comercialización y venden la piña bajo sus propias marcas, invisibilizando al productor.
Un mercado que sí paga… pero por lo orgánico
El contexto global muestra una creciente demanda por productos sostenibles. En Estados Unidos, el mercado de alimentos orgánicos superó los 70.000 millones de dólares en 2025, aunque con precios hasta un 61% más altos que los productos convencionales.
Esto evidencia una paradoja: el consumidor está dispuesto a pagar más por lo orgánico, pero no necesariamente entiende ni valora otras formas de sostenibilidad, como el modelo libre de pesticidas que propone PCC.
Tres caminos estratégicos
Ante este escenario, la empresa enfrenta una decisión clave que definirá su futuro:
- Crear una nueva categoría
Impulsar su marca propia y posicionar la piña libre de pesticidas mediante co-branding, al mismo precio que la convencional. - Mantener el modelo actual
Continuar vendiendo bajo marcas de distribuidores, asegurando ingresos pero sin reconocimiento de marca. - Migrar a lo orgánico
Apostar por la certificación orgánica para acceder a un mercado ya establecido, aunque con mayores costos y menor productividad.
Cada opción implica riesgos, desde la pérdida de clientes hasta inversiones adicionales o la posible dilución de su ventaja competitiva.
Un futuro incierto, pero con potencial transformador
El dilema de PCC ocurre en un contexto complejo, marcado por incertidumbre comercial, presión en precios y posibles sobreofertas en el mercado internacional de piña.
Aun así, la empresa sostiene que su modelo representa el futuro de la agricultura. La gran interrogante es si el mercado logrará evolucionar al mismo ritmo que la innovación.
El caso deja una reflexión abierta para toda la industria: producir de forma sostenible ya es posible, pero el verdadero reto es lograr que el consumidor lo entienda… y esté dispuesto a pagarlo.
