En el marco de la Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, el obispo de Ciudad Quesada, Monseñor José Manuel Garita Herrera, hizo un profundo llamado a la unidad, el diálogo y la esperanza, al afirmar que Costa Rica atraviesa momentos que exigen el compromiso de todos los sectores para superar la violencia, la corrupción, la pobreza y la división.
Durante la celebración del 391 aniversario del hallazgo de la Sagrada Imagen de la Negrita y el centenario de su Coronación Pontificia, el prelado recordó que miles de peregrinos llegaron hasta la Basílica de Cartago para ponerse bajo el amparo de la patrona nacional, llevando consigo alegrías, agradecimientos, preocupaciones y sufrimientos.

Inspirado en el lema de este año, “Una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12,1), Monseñor Garita destacó que la verdadera realeza de la Virgen María no se fundamenta en el poder, sino en el amor con el que continúa cuidando de todos sus hijos.
En su reflexión recordó que la imagen de la Virgen fue hallada en un lugar humilde y no en los espacios de poder, un hecho que, aseguró, sigue transmitiendo un mensaje vigente de igualdad y fraternidad.
“La Negrita ha sido siempre la Madre de todos, sin distinción de origen, condición social, ideología, edad o cultura”, expresó, al señalar que bajo su mirada tienen cabida todas las personas y que en Dios no existen privilegios ni exclusiones.
El obispo dedicó parte importante de su homilía a analizar la realidad nacional, señalando que el país enfrenta graves desafíos marcados por la violencia, la criminalidad, el narcotráfico, la corrupción, la pobreza y la incertidumbre que viven muchas familias. También hizo referencia a la ansiedad, la soledad y la desesperanza que afectan a numerosos costarricenses, especialmente a los jóvenes.
No obstante, afirmó que el mensaje de María invita a mantener una “esperanza activa”, inspirada en la firmeza con la que permaneció junto a la cruz de Cristo incluso cuando todo parecía perdido.
Monseñor Garita recordó que Nuestra Señora de los Ángeles ha sido, a lo largo de la historia, un símbolo de identidad y unidad para Costa Rica, especialmente en los momentos de mayor dificultad, por lo que instó a recuperar la capacidad de dialogar y trabajar juntos por el bien común.
Asimismo, señaló que la unidad no implica pensar todos igual, sino aprender a reconocerse como hermanos, respetando las diferencias y construyendo acuerdos en beneficio del país.
El prelado hizo un llamado a fortalecer a las familias como espacios de reconciliación, pidió a los jóvenes vivir con ideales y esperanza, exhortó a los educadores a formar en valores y solicitó a quienes ejercen cargos públicos desempeñar sus funciones con honestidad, responsabilidad y espíritu de servicio.
Finalmente, aseguró que la mejor corona que los costarricenses pueden ofrecer a la Virgen no es de oro, sino una nación reconciliada, donde disminuya la violencia, aumenten las oportunidades para los más vulnerables y prevalezcan la paz, la solidaridad y el respeto por la vida.
La homilía concluyó con una oración en la que encomendó a Costa Rica al amparo de Nuestra Señora de los Ángeles, pidiendo que siga guiando al país por el camino de la unidad, la esperanza y el bien común.
Fotos: CECOR. Laura Ávila, periodista.

