Los obispos de Costa Rica pidieron renovar el compromiso nacional con el bien común y atender las desigualdades económicas y territoriales que todavía afectan a miles de familias, pese a los avances registrados en los indicadores oficiales de pobreza.
En el mensaje emitido al finalizar su CXXXII Asamblea Ordinaria, la Conferencia Episcopal advirtió que muchas personas continúan enfrentando el elevado costo de vida, empleos precarios e informales y escasas oportunidades para mejorar sus condiciones de vida.
Los religiosos también señalaron como motivo de preocupación la falta de oportunidades que mantiene a numerosas personas, especialmente jóvenes, en incertidumbre respecto a su futuro.
A estos problemas sumaron la crisis de salud mental, las adicciones, la soledad, la desesperanza y distintas expresiones de violencia que, según señalaron, están deteriorando el tejido social costarricense.
Los obispos plantearon la necesidad de fortalecer las políticas públicas orientadas a garantizar oportunidades reales de educación, empleo y desarrollo integral, colocando en el centro la dignidad de cada persona.
“Es indispensable fortalecer y extender políticas públicas que coloquen en el centro la dignidad inviolable de toda persona humana, favorezcan la inclusión social y garanticen oportunidades reales de educación, trabajo y desarrollo integral para todos”, señalaron.
Llamado al diálogo
La Iglesia también expresó preocupación por el ambiente de polarización y desconfianza que atraviesa Costa Rica y pidió a los diferentes sectores políticos y sociales recuperar el diálogo como mecanismo para resolver los principales problemas nacionales.
Los obispos consideraron que los grandes desafíos del país deben abordarse mediante procesos amplios, transparentes y participativos, en los que prevalezcan el respeto, la búsqueda de acuerdos y el bien común.
Advirtieron que ningún problema nacional encontrará soluciones duraderas desde la confrontación y llamaron a abandonar las posiciones que pretenden imponer un único relato o monopolizar la verdad.
Respeto entre los poderes de la República
Otro de los puntos centrales del pronunciamiento fue la defensa de la institucionalidad democrática.
La Conferencia Episcopal sostuvo que el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial deben mantener una relación basada en el respeto, la independencia y la colaboración, de manera que cada poder pueda cumplir sus responsabilidades sin perder de vista las necesidades de la población.
Los obispos también pidieron a gobernantes, diputados, jueces, funcionarios públicos, empresarios, educadores y comunicadores ejercer sus responsabilidades con altura moral, capacidad de escucha y disposición para alcanzar consensos.
“La colaboración entre los tres poderes de la República” fue planteada como una condición necesaria para fortalecer la democracia y recuperar la confianza ciudadana.
Iglesia pide oportunidades para los jóvenes
El mensaje también dedicó un apartado especial a la juventud costarricense.
Los obispos destacaron el papel de los jóvenes como agentes de cambio y los instaron a no permitir que la violencia, la indiferencia o la falta de oportunidades condicionen sus proyectos de vida.
La Iglesia los llamó a convertirse en promotores de paz, defensores de la dignidad humana y protagonistas en la construcción de una sociedad más solidaria.
Asimismo, pidió impulsar políticas que fortalezcan a las familias y las redes de protección social, reconociendo su papel como espacios fundamentales para la formación de las nuevas generaciones.
“La paz es una tarea de todos”
La Conferencia Episcopal recordó que la paz no puede depender únicamente de las autoridades ni limitarse a estrategias de seguridad.
Según los obispos, la construcción de la paz comienza en los hogares, se fortalece en las escuelas y comunidades y requiere un compromiso permanente con la verdad, la justicia, la solidaridad y el bien común.
En su mensaje, la Iglesia reafirmó su intención de mantenerse cercana a las personas que enfrentan situaciones de vulnerabilidad y pidió a sus comunidades abrir espacios de escucha, acogida y acompañamiento.
El pronunciamiento concluyó con un llamado a construir una Costa Rica “reconciliada”, donde ninguna persona se sienta excluida, olvidada o descartada.
El documento fue firmado por los obispos de las distintas diócesis del país, encabezados por Javier Román Arias, obispo de Limón y presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, junto con el resto de integrantes del episcopado y el obispo electo de Puntarenas, Elímar Gerardo Carvajal Durán.

