EDITORIAL | Laura y Chaves están provocando al pueblo y como decimos en San Carlos están “jalándole mucho el rabo a la ternera”

Hay momentos en la vida política de un país en los que gobernantes y dirigentes deben detenerse, mirar lo que está ocurriendo en las calles y preguntarse, con absoluta honestidad: ¿hacia dónde estamos llevando a Costa Rica?

Lo ocurrido el jueves en el plantón frente al Poder Judicial no debería ser minimizado, ridiculizado ni interpretado desde la soberbia política. Fue una señal. Una señal fuerte, incómoda y que el Gobierno debería escuchar.

Porque cuando una ciudadanía cansada sale a las calles para defender la democracia, la separación de poderes, el diálogo y el respeto institucional, lo responsable no es responder con más gritos, ataques o descalificaciones.

Es escuchar.

Y aquí, como decimos en San Carlos, parece que algunos están “jalándole mucho el rabo a la ternera”.

Rodrigo Chaves ha construido durante años un estilo político basado en la confrontación permanente con instituciones, medios de comunicación, diputados, jueces, fiscales y cualquier sector que cuestione sus decisiones. Esa estrategia pudo haberle producido réditos políticos, pero también ha contribuido peligrosamente a profundizar la polarización de la sociedad costarricense.

Y ahora, aunque ya no ocupa la Presidencia de la República, su influencia política continúa siendo evidente.

Pero hay algo que deberían entender tanto Chaves como la presidenta Laura Fernández: Costa Rica no es propiedad de ningún gobierno, de ningún partido ni de ningún líder político.

Costa Rica pertenece a su gente.

Por eso resulta preocupante que desde las más altas esferas del poder se continúe alimentando un lenguaje de confrontación, burla y descalificación hacia quienes piensan diferente.

Cuando a quienes participan en una manifestación se les califica de “masoquistas”, “tontos” o “güichos”, como ocurrió en el discurso de Rodrigo Chaves, no se está fortaleciendo la democracia.

Se está profundizando la división.

Y lo ocurrido el jueves demostró que aquella etiqueta terminó devolviéndose contra quienes la pronunciaron.

Los llamados “güichos” fueron muchos.

Muchísimos.

Y eso debería hacer reflexionar seriamente a quienes continúan creyendo que todo aquel que discrepa del discurso oficial es enemigo, ignorante o parte de alguna conspiración.

No.

También existe una ciudadanía que piensa, analiza, cuestiona y tiene derecho a decirle al Gobierno que no está de acuerdo.

La democracia no consiste en aplaudir al gobernante.

La democracia consiste precisamente en poder decirle “no” al poder sin ser insultado, perseguido o descalificado.

Laura Fernández debe tomar las riendas

La presidenta Laura Fernández todavía está a tiempo de marcar una diferencia.

Pero para hacerlo debe asumir plenamente el liderazgo del Gobierno y comprender que gobernar significa mucho más que responder a los adversarios políticos.

Significa construir.

Significa negociar.

Significa escuchar.

Significa tender puentes incluso con aquellos con quienes existen profundas diferencias.

La mandataria no puede convertirse en una simple continuadora del estilo de confrontación que caracterizó a Rodrigo Chaves.

Costa Rica necesita una presidenta que gobierne, no una presidenta que permanentemente esté en guerra política.

Y si realmente quiere dejar una huella positiva en la historia del país, debería empezar por bajar el tono, abandonar los discursos incendiarios y recuperar algo que parece haberse perdido en los últimos años: la capacidad de dialogar.

No se trata de ser débil.

Todo lo contrario.

La moderación requiere mucha más fortaleza que el grito.

El insulto es fácil.

La confrontación es fácil.

La provocación es fácil.

Lo difícil es sentarse frente al adversario, escucharlo, negociar y encontrar soluciones.

Eso es gobernar.

El pueblo está cansado

Hay una realidad que ningún gobernante debería ignorar.

La gente está cansada.

Cansada de los pleitos.

Cansada de los ataques entre poderes.

Cansada de los discursos incendiarios.

Cansada de los insultos.

Cansada de las amenazas políticas.

Cansada de los circos mediáticos.

Cansada de que cada semana exista una nueva batalla entre el Ejecutivo y alguna institución.

Mientras los políticos se pelean, las familias enfrentan problemas reales.

Hay comunidades que necesitan infraestructura.

Hay jóvenes que necesitan oportunidades.

Hay familias que necesitan programas sociales.

Hay estudiantes que requieren mejores condiciones educativas.

Hay trabajadores que necesitan empleo digno.

Hay agricultores que necesitan apoyo.

Hay comunidades que esperan soluciones concretas.

El país necesita gobierno, no espectáculo.

Necesita proyectos.

Necesita inversión social.

Necesita educación.

Necesita seguridad.

Necesita infraestructura.

Necesita empleo.

Necesita oportunidades.

Y, sobre todo, necesita paz institucional.

No queremos dictaduras ni autoritarismos

La manifestación del jueves debe ser leída con seriedad.

No necesariamente como una expresión partidaria, sino como una advertencia democrática.

Costa Rica no quiere dictaduras.

No quiere autoritarismos.

No quiere concentración absoluta del poder.

No quiere eliminación ni debilitamiento de los poderes de la República.

No quiere violencia política.

No quiere misoginia.

No quiere frases soeces desde las instituciones.

No quiere funcionarios enfrentándose permanentemente con jueces, fiscales, diputados y periodistas.

Costa Rica quiere democracia.

Quiere instituciones que funcionen.

Quiere poderes independientes.

Quiere controles.

Quiere contrapesos.

Quiere funcionarios capaces de aceptar críticas.

Y quiere gobernantes capaces de reconocer sus propios errores.

Porque nadie está por encima de la democracia.

Ni un presidente.

Ni un ministro.

Ni un expresidente.

Ni un diputado.

Ni un magistrado.

Ni ningún otro funcionario.

Basta de gobernar desde el enfrentamiento

Laura Fernández tiene ahora una oportunidad histórica.

Puede continuar por el camino de la confrontación y convertir cada diferencia institucional en una batalla política.

O puede demostrar que su Gobierno tiene la madurez suficiente para cambiar el rumbo.

Y ese cambio comienza por recuperar el diálogo con la Asamblea Legislativa, respetar la independencia del Poder Judicial y establecer una relación más cercana con la ciudadanía.

También significa revisar las decisiones que afectan programas sociales y educación.

Porque mientras se habla de grandes batallas políticas, hay sectores de la población que sienten que el Estado se aleja de sus necesidades.

El Gobierno debe volver a mirar hacia abajo.

Hacia las comunidades.

Hacia los barrios.

Hacia los agricultores.

Hacia los trabajadores.

Hacia los jóvenes.

Hacia las familias que todos los días luchan por salir adelante.

Chaves debería entender que ya no gobierna

Rodrigo Chaves tiene todo el derecho de ejercer liderazgo político y expresar sus opiniones.

Pero también debería entender una realidad elemental: ya no es el presidente de Costa Rica.

El país está en otro período constitucional.

Su influencia política puede ser importante, pero no puede pretender seguir gobernando desde las trincheras, marcando la agenda nacional mediante ataques permanentes y convirtiendo cada diferencia en una batalla personal.

Y aquí hay una pregunta legítima que debe hacerse la propia presidenta:

¿Es realmente conveniente mantener a su lado una figura política que continúa alimentando la confrontación con los poderes de la República?

Quizás ha llegado el momento de que Laura Fernández gobierne con voz propia.

Que tome las riendas.

Que construya su propio liderazgo.

Que se rodee de personas capaces de generar acuerdos y no únicamente de quienes saben alimentar las confrontaciones.

No se trata de apartar a nadie por diferencias políticas.

Se trata de preguntarse qué necesita Costa Rica en este momento.

Y la respuesta parece evidente:

Necesitamos menos confrontación y más soluciones.

El jueves habló la ciudadanía

La manifestación del jueves debería quedar registrada como una advertencia democrática.

El pueblo habló.

Y habló fuerte.

No pidió violencia.

No pidió venganza.

No pidió eliminar instituciones.

Pidió precisamente lo contrario.

Pidió democracia.

Pidió respeto.

Pidió independencia de poderes.

Pidió diálogo.

Pidió paz.

Pidió que los gobernantes dejen de pelear entre ellos y comiencen a trabajar por la gente.

Ese mensaje debería llegar hasta Casa Presidencial.

Y también hasta quienes todavía creen que insultar al adversario es una forma legítima de hacer política.

No lo es.

Costa Rica merece mucho más.

Merece gobernantes que estén a la altura de su historia democrática.

Merece una presidenta que ejerza liderazgo con firmeza, pero también con prudencia.

Merece oposición responsable.

Merece un Poder Judicial independiente.

Merece una Asamblea Legislativa que pueda ejercer sus funciones sin convertirse permanentemente en campo de batalla.

Y merece una ciudadanía que pueda protestar sin ser despreciada.

Es hora de cambiar el rumbo

El Gobierno todavía está a tiempo.

Pero debe entender que la paciencia ciudadana no es infinita.

Seguir provocando, seguir atacando, seguir gritando y seguir convirtiendo cada diferencia en una guerra política es jugar con fuego.

Y quienes juegan demasiado tiempo con fuego terminan quemándose.

Laura Fernández y Rodrigo Chaves deberían escuchar lo que ocurrió el jueves y bajar el tono.

Costa Rica no necesita más bufonadas.

No necesita más circos.

No necesita más guerras políticas.

No necesita dirigentes midiéndose quién grita más fuerte.

Necesita estadistas.

Necesita acuerdos.

Necesita trabajo.

Necesita inversión social.

Necesita educación.

Necesita seguridad.

Necesita oportunidades.

Necesita instituciones fuertes.

Y necesita, sobre todo, recuperar la confianza en que quienes gobiernan lo hacen pensando en el bienestar de la mayoría y no en mantener viva una batalla política permanente.

El pueblo costarricense ya habló.

Y su mensaje fue claro:

No queremos autoritarismo.
No queremos violencia política.
No queremos insultos.
No queremos división.
Queremos democracia, respeto, diálogo y soluciones.

Presidenta Laura Fernández: todavía está a tiempo de escuchar.

Es momento de gobernar con voz propia.

Es momento de tender puentes.

Es momento de trabajar con los demás poderes, incluso cuando existan diferencias.

Es momento de reconocer errores, corregir lo que deba corregirse y volver la mirada hacia quienes más necesitan al Estado.

Porque Costa Rica no necesita más políticos peleando.

Costa Rica necesita gobernantes trabajando.

Y como decimos en San Carlos: ya le han jalado demasiado el rabo a la ternera. Ahora toca tener prudencia antes de que el animal se defienda.