Obispo de Ciudad Quesada llama a construir una patria basada en la libertad y la responsabilidad


Con motivo del 205.° aniversario de la Independencia de Costa Rica, monseñor José Manuel Garita Herrera, obispo de Ciudad Quesada, reflexiona sobre los desafíos que enfrenta el país y destaca la importancia de la libertad, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

En el artículo “La patria que sigue en construcción”, publicado en la edición N.° 442 de Fermento, el religioso invita a los costarricenses a asumir un compromiso activo con la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y pacífica. También hace un llamado a proteger a los más vulnerables, fortalecer la democracia y educar a las nuevas generaciones en el servicio y el bien común.

Texto íntegro
La patria que sigue en construcción
Martes 15 de setiembre, 2026

Cada 15 de setiembre, Costa Rica vuelve a encontrarse con su historia. Las bandas estudiantiles recorren nuestras comunidades y la alegría de niños y jóvenes nos recuerda que la patria también se celebra con esperanza. Hoy conmemoramos 205 años de vida independiente, una historia que no podemos reducir a una fecha en el calendario, porque detrás de ella existe un pueblo que ha recibido el don de decidir su propio camino y la responsabilidad de construirlo cada día.

La independencia nos habla, ante todo, de libertad. Pero la libertad no es simplemente ausencia de cadenas. Ser libres significa tener la capacidad de elegir responsablemente el bien, de respetar la dignidad de los demás y de trabajar por una sociedad donde nadie quede excluido.

Respeto, responsabilidad, deberes…

Necesitamos liberarnos de todo aquello que destruye la convivencia. De la violencia que roba vidas y llena de temor a nuestras comunidades. De la corrupción que debilita la confianza. De la indiferencia ante el que sufre. De la polarización que convierte al que piensa diferente en enemigo. De la mentira que se propaga con facilidad y de las palabras que levantan muros.

Necesitamos recuperar el valor de la responsabilidad. No podemos reclamar nuestros derechos mientras olvidamos nuestros deberes; ni exigir respeto mientras despreciamos al que piensa distinto. No podemos pedir seguridad mientras toleramos ambientes que alimentan la violencia. No podemos permanecer indiferentes ante quienes han quedado al margen.

Pienso especialmente en nuestros niños y jóvenes. Ellos no solamente heredarán a Costa Rica, pues desde ahora están comenzando a construirla.

Por eso necesitamos preguntarnos qué país les estamos entregando. ¿Una sociedad donde puedan vivir sin miedo? ¿Una democracia capaz de escuchar? ¿Un país donde el esfuerzo tenga oportunidades? ¿Una nación donde la solidaridad siga tejiendo espacio?

Nuestra historia nos recuerda que Costa Rica ha encontrado en el diálogo y en la búsqueda de acuerdos una de sus mayores fortalezas. No siempre hemos estado de acuerdo, ni tenemos que estarlo. La democracia no exige que pensemos todos de la misma manera; demanda que sepamos convivir desde nuestras diferencias y buscar juntos aquello que sirve al bien común.

Como Iglesia, queremos recordar que la construcción de nuestro país también es una tarea espiritual. El Evangelio nos enseña que toda persona posee una dignidad que no depende de su condición social, sus ideas, sus capacidades económicas o sus circunstancias. Trabajar por Costa Rica significa hacerlo por la vida, la familia, los más vulnerables, la justicia y por la paz.

Libertad para elegir

La libertad que recibimos como nación es una invitación a preguntarnos por nuestra libertad interior. Porque podemos vivir en un país independiente y, sin embargo, ser esclavos del odio, del egoísmo, de las adicciones, de la violencia, de la mentira o de la indiferencia. Podemos tener libertad para hablar y utilizar nuestras palabras para destruir. Podemos tener libertad para elegir y utilizarla para dañarnos.

En este 15 de setiembre quisiera invitar a cada costarricense a mirar nuestra patria no solamente con orgullo, sino también con verdadero compromiso. Que las banderas que adornan nuestras casas nos recuerden que detrás de esos colores existe una responsabilidad que es de todos. ¡Que Dios bendiga a Costa Rica! ¡Que María, Reina de los Ángeles, patrona de nuestro pueblo, acompañe nuestro caminar y nos enseñe a servir con amor!

Fuente: Fermento, N.° 442. Mons. José Manuel Garita Herrera, obispo de Ciudad Quesada.