Las primeras casas de Costa Rica surgieron hace unos 3.800 años en la cordillera de Tilarán

Vestigios encontrados en Tronadora Vieja revelan una antigua aldea junto al entonces Lago de Arenal, con viviendas circulares construidas con madera y palma. El sitio forma parte de las investigaciones arqueológicas desarrolladas durante décadas en la región de Arenal.

Mucho antes de que existieran carreteras, pueblos y ciudades, las poblaciones que habitaban el territorio costarricense ya construían espacios destinados a vivir, cocinar, almacenar alimentos y desarrollar sus actividades cotidianas.

Uno de los testimonios más antiguos de esas viviendas se encuentra en la cordillera de Tilarán, específicamente en el sitio arqueológico Tronadora Vieja, ubicado en las cercanías de la actual localidad de Tronadora, en la margen sur de la Laguna de Arenal.

Las investigaciones arqueológicas permitieron identificar los restos de una pequeña aldea que habría sido ocupada alrededor del 1800 antes de Cristo, según fechamientos realizados mediante carbono 14.

El hallazgo es particularmente importante porque permite aproximarse a la forma en que vivían las comunidades que habitaron esta región hace casi cuatro milenios.

Casas circulares de madera y palma

Durante las excavaciones fueron identificadas evidencias correspondientes a al menos cuatro posibles estructuras habitacionales.

En una de ellas aparecieron numerosas huellas de postes. Se trata de marcas que quedaron en el terreno después de que los antiguos postes de madera se deterioraran o fueran quemados.

Las huellas tenían entre 13 y 16 centímetros de diámetro y estaban separadas aproximadamente un metro entre sí. Su distribución permitió reconstruir una estructura circular de unos 5,25 metros de diámetro.

Los arqueólogos plantean que se trataba de una vivienda de aproximadamente 20 metros cuadrados, construida con postes verticales de madera y otros elementos utilizados para formar un techo cónico, probablemente cubierto con hojas de palma.

En otras palabras, aquellas primeras viviendas eran construcciones relativamente pequeñas, pero suficientemente organizadas para albergar diferentes actividades de la vida cotidiana.

Una zona compactada y pavimentada con piedras y pequeños guijarros, localizada al noreste de la estructura, podría haber funcionado como acceso a la vivienda.

Dentro de la casa también aparecieron otras huellas de postes que podrían corresponder a divisiones internas o a soportes de plataformas elevadas utilizadas para cocinar, almacenar objetos y alimentos o incluso dormir.

La vida alrededor de las casas

La actividad cotidiana no se limitaba al interior de las viviendas.

En los alrededores fueron encontradas piedras que presentaban alteraciones provocadas por el calor, además de otras evidencias que podrían corresponder a antiguos fogones.

Algunas actividades relacionadas con la preparación de alimentos parecen haberse realizado en espacios exteriores.

También se localizaron áreas donde probablemente se fabricaban y retocaban herramientas de piedra, así como sectores relacionados con el procesamiento de alimentos.

Las evidencias sugieren, por tanto, que estas antiguas aldeas no estaban formadas únicamente por casas, sino por un conjunto de espacios destinados a diferentes labores.

El Proyecto Prehistórico Arenal

El conocimiento actual sobre las antiguas poblaciones de la región de Arenal está estrechamente relacionado con las investigaciones encabezadas por el arqueólogo estadounidense Payson D. Sheets, de la Universidad de Colorado.

Sheets dirigió durante décadas el Proyecto Prehistórico Arenal, una de las investigaciones arqueológicas más importantes desarrolladas en esta zona de Costa Rica.

El proyecto permitió documentar aldeas precolombinas, estudiar viviendas, caminos, cementerios y sistemas de producción, además de analizar la relación entre las poblaciones antiguas y la actividad volcánica del Arenal.

La investigación combinó arqueología con estudios de vulcanología, restos vegetales, polen, cerámica y herramientas de piedra, así como técnicas de teledetección.

La etapa final del Proyecto Prehistórico Arenal se desarrolló entre 2002 y 2003, aunque Sheets continuó posteriormente con investigaciones y publicaciones relacionadas con la región.

Uno de los aspectos estudiados fue la manera en que las poblaciones enfrentaron las erupciones volcánicas y, en algunos casos, regresaron a lugares previamente afectados.

Entre las evidencias analizadas se encuentran antiguos caminos asociados con sitios de enterramiento. En el caso de Cañales, una antigua comunidad ubicada en la ribera sur del Lago de Arenal, Sheets estudió la permanencia y reutilización de un camino hacia el cementerio después de grandes erupciones.

La interpretación propuesta es que la reutilización de esos caminos pudo estar relacionada no solamente con una necesidad práctica, sino también con la continuidad social y la memoria de los antepasados.

Otras viviendas tempranas aparecen en Limón

Las primeras evidencias de espacios habitacionales no se concentran únicamente en la región de Arenal.

En la zona de Siquirres, Limón, investigaciones arqueológicas han permitido localizar numerosos sitios asociados con antiguas poblaciones que ocuparon las márgenes del río Reventazón.

En alrededor de 30 sitios arqueológicos se encontraron evidencias de ocupación humana y, mediante fechamientos de carbono 14, se estableció que buena parte de estas ocupaciones corresponde al período comprendido aproximadamente entre 700 y 400 antes de Cristo.

Los asentamientos se ubicaban principalmente sobre pequeñas terrazas que no eran inundables, generalmente a menos de 200 metros del cauce principal y cerca de otros cursos de agua.

Aunque en estos sitios no se conservaron huellas claras de postes ni estructuras completas, los arqueólogos consideran posible que algunos espacios estuvieran protegidos por construcciones perecederas de madera y palma, similares a las propuestas para Tronadora Vieja.

Pisos de piedra y espacios de trabajo

Uno de los elementos llamativos de estos asentamientos son los depósitos de materiales arqueológicos encontrados sobre grandes concentraciones de piedras.

Estos estratos pudieron haber sido utilizados para crear superficies firmes que ayudaran a aislar la humedad del terreno y permitieran desarrollar distintas actividades.

En sitios como Sibon se identificaron sectores con grandes concentraciones de restos de piedra, evidencia que apunta a la fabricación y retoque de herramientas.

También aparecieron instrumentos de tipo hachoide, posiblemente utilizados para limpiar áreas boscosas y trabajar la madera, así como manos de moler relacionadas con el procesamiento de alimentos.

En algunos sectores se encontraron cambios de coloración del suelo y manchas semicirculares que fueron interpretadas como posibles fogones.

También se localizaron piedras volcánicas con superficies planas y pequeñas concavidades, algunas con señales de desprendimiento, que pudieron funcionar como morteros para triturar o procesar materiales orgánicos.

Una ventana a la vida de nuestros antepasados

Las evidencias de Tronadora Vieja y de otros sitios arqueológicos permiten reconstruir, aunque sea parcialmente, la vida cotidiana de las primeras comunidades que habitaron el territorio costarricense.

Sus viviendas eran sencillas en comparación con las construcciones actuales, pero detrás de cada poste, fogón, herramienta o fragmento cerámico existe información sobre la manera en que aquellas sociedades organizaron sus espacios, aprovecharon los recursos naturales y se adaptaron al ambiente.

En la cordillera de Tilarán, además, esas comunidades tuvieron que convivir con un paisaje volcánico cambiante.

Los estudios arqueológicos realizados durante décadas en la región muestran que la historia del Arenal no comenzó con los pueblos modernos: mucho antes, generaciones de habitantes construyeron allí sus casas, cultivaron, procesaron alimentos, fabricaron herramientas, enterraron a sus muertos y regresaron a lugares cargados de memoria.

Las futuras investigaciones arqueológicas podrían aportar nuevas piezas para comprender cómo fueron esas primeras viviendas y qué materiales utilizaron sus habitantes para construirlas.

Fuente principal: Felipe Solís del Vecchio, arqueólogo del Departamento de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica, además de investigaciones publicadas sobre el Proyecto Prehistórico Arenal encabezado por Payson D. Sheets.