El chino-costarricense Tam Zhang Guobin, conocido como “Rey Juan Carlos”, habría operado durante más de 15 años en Costa Rica como un presunto enlace entre estructuras de la mafia china y organizaciones criminales vinculadas con carteles mexicanos y colombianos.
Su caída se produjo tras una investigación internacional encabezada por la DEA, desde Estados Unidos, en coordinación con la OFAC, y con apoyo de la Policía de Control de Drogas (PCD) de Costa Rica y organismos internacionales como Europol.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿cómo una operación de lavado de dinero de semejante dimensión pudo mantenerse activa durante tantos años sin ser detectada?
Las autoridades deberán determinar cuánto dinero fue movilizado, qué estructuras empresariales o financieras pudieron utilizarse y quiénes más pudieron haber participado en la presunta red.
Y existe otro elemento determinante: la extradición de ciudadanos costarricenses.
Sin el marco legal que permite enviar a nacionales a enfrentar procesos judiciales en otros países, cabe preguntarse si “Rey Juan Carlos” habría continuado en libertad y operando desde Costa Rica, pese a la investigación internacional en su contra.

El caso representa, además, una prueba para las instituciones encargadas de combatir el lavado de dinero y el crimen organizado transnacional: si una estructura pudo operar durante más de una década antes de ser desarticulada, la pregunta no es únicamente quién cayó, sino cuánto tiempo logró permanecer invisible y quiénes pudieron beneficiarse de ella.
