- Calentamiento de las aguas del Pacífico genera condiciones de estrés térmico que pueden debilitar los arrecifes coralinos y provocar la muerte de estos organismos marinos.
- UNED advierte que el fenómeno de El Niño de 2026-2027 representa un nuevo desafío para la conservación de los ecosistemas marinos del país.
- Ante esta situación, Universidad trasladó sus viveros de corales de cinco a 13 metros de profundidad en Isla Tortuga y reforzó los monitoreos científicos para proteger los organismos.
Puntarenas. El aumento de la temperatura de las aguas del océano Pacífico, asociado al fenómeno de El Niño, está poniendo en riesgo la supervivencia de los arrecifes coralinos costarricenses, ante la presencia de procesos de blanqueamiento que pueden debilitar estos organismos y provocar su muerte.
La situación genera preocupación entre investigadores de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), quienes advierten que el calentamiento oceánico constituye una amenaza para la biodiversidad marina, especialmente para los corales que dependen de condiciones ambientales específicas para sobrevivir.
El investigador de la UNED y encargado del proyecto de restauración coralina en Isla Tortuga, Yeison Lizano Rojas, explicó que el fenómeno de El Niño de 2026-2027 presenta características de intensidad que representan un desafío para los ecosistemas marinos del Pacífico.
“El problema de este fenómeno, o sus efectos, es que genera un calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico y, como consecuencia, genera adversidades para diferentes organismos marinos, entre ellos los arrecifes coralinos”, explicó Lizano.
El investigador señaló que uno de los principales riesgos es el blanqueamiento coralino, un proceso que ocurre cuando las altas temperaturas alteran la relación simbiótica que mantienen los corales con unas algas microscópicas conocidas como zooxantelas.
Estas algas proporcionan más del 90% de los nutrientes y la energía que los corales necesitan para sobrevivir; sin embargo, cuando el estrés térmico se prolonga, los organismos pueden expulsarlas, perder su coloración natural y experimentar un debilitamiento progresivo.
“Si estas condiciones adversas persisten durante un tiempo prolongado, el coral, como mecanismo de defensa, expulsa estas zooxantelas e inicia un proceso que se conoce como blanqueamiento, posteriormente, el coral empieza a debilitarse y puede llegar incluso a morir”, advirtió el especialista.
Aunque el blanqueamiento no significa necesariamente que el coral haya muerto, sí constituye una señal de estrés ambiental, “si las temperaturas regresan a niveles adecuados, algunos organismos pueden recuperarse; de lo contrario, aumenta el riesgo de mortalidad y deterioro de los arrecifes”, explicó.
La pérdida de corales también puede tener consecuencias para numerosas especies marinas que encuentran alimento, refugio y espacios de reproducción en estos ecosistemas, asimismo, su deterioro podría afectar actividades económicas vinculadas con la pesca y el turismo, además de reducir la protección natural.
UNED traslada viveros a mayor profundidad
Ante las condiciones actuales, la UNED, en conjunto con el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y la empresa Bay Island Cruises, implementó medidas de protección en su proyecto de restauración coralina en Isla Tortuga, ubicado en el Golfo de Nicoya.
Una de las principales decisiones fue trasladar los 2.700 corales sembrados en estructuras de jardinería coralina desde los cinco hasta los 13 metros de profundidad, con el propósito de encontrar condiciones de temperatura más favorables y disminuir el estrés térmico al que están expuestos los organismos.
“En primera medida, y la que más nos ha funcionado hasta el momento, fue la de poder trasladar las estructuras de jardinería de corales que teníamos a una profundidad de cinco metros a una profundidad de trece metros”, detalló Lizano.
El especialista explicó que esta medida busca reducir la exposición de los corales a las altas temperaturas superficiales del océano y mejorar sus posibilidades de supervivencia durante el evento climático.
Además, el equipo suspendió temporalmente las labores de jardinería, fragmentación y colocación de nuevas estructuras, con el objetivo de evitar intervenciones adicionales mientras persistan las condiciones adversas.
Paralelamente, se intensificaron los monitoreos de blanqueamiento coralino y las mediciones de parámetros fisicoquímicos del agua, como temperatura, salinidad y otras variables que permiten evaluar la calidad del ambiente marino.
Estas acciones buscan generar información científica para determinar cómo responden los corales al cambio de profundidad y establecer las condiciones más adecuadas para continuar los procesos de restauración.
Resiliencia de los arrecifes
Para Lizano, los episodios de calor extremo ponen de manifiesto la necesidad de desarrollar estrategias de conservación que permitan a los ecosistemas marinos enfrentar condiciones ambientales cada vez más exigentes.
El investigador destacó que la restauración coralina debe acompañarse de un monitoreo permanente y de medidas de adaptación que contribuyan a reducir la vulnerabilidad de estos organismos.
“Aunque estos eventos de calor extremo representan un problema real para los corales del Golfo de Nicoya y del mundo, lo que buscamos nosotros con este tipo de proyectos es fomentar o fortalecer la resiliencia de estos ecosistemas ante estas situaciones, eventos o fenómenos que seguirán ocurriendo con mayor frecuencia”, concluyó.
