Monseñor Garita alerta sobre la indiferencia social y pide asumir la fe en el espacio público

CIUDAD QUESADA – En su reciente edición N.º 447 del espacio de reflexión Fermento, Monseñor José Manuel Garita Herrera, obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada, hizo un vehemente llamado a la sociedad y a la comunidad creyente a combatir la indiferencia, un mal al que calificó como «silencioso» pero profundamente dañino para la convivencia y la justicia.  

Bajo el título «Indiferencia, un mal silencioso», el prelado expresó su preocupación ante la posibilidad de que los ciudadanos se acostumbren a situaciones de injusticia, corrupción, abandono de adultos mayores y vulneración de derechos que jamás deberían percibirse como normales o cotidianas.

«La pregunta es: ¿en qué momento dejamos de sentirnos responsables de lo que sucede a nuestro alrededor?», cuestionó Monseñor Garita, haciendo hincapié en que la indiferencia también se manifiesta al considerar inútil denunciar una injusticia o al permitir que los intereses particulares prevalezcan sobre el bien común.

Un llamado apoyado en el Magisterio de la Iglesia

Para fundamentar su reflexión, el obispo hizo referencia a la Encíclica Sollicitudo Rei Socialis de San Juan Pablo II (numeral 36), recordando el concepto de las «estructuras de pecado» y cómo la búsqueda de poder e intereses personales por encima del prójimo fragmentan la solidaridad en la sociedad.  

Asimismo, remarcó que, si bien una sociedad requiere leyes e instituciones responsables, necesita indispensablemente ciudadanos con conciencia, capaces de reconocer que tanto sus decisiones como sus silencios conllevan graves consecuencias.  

Vivir la fe con compromiso social

Monseñor Garita instó a los católicos a no limitar su fe al ámbito privado, sino a proyectarla en la vida pública mediante la honestidad, el respeto a la dignidad humana, la solidaridad y la búsqueda activa del bien común.  

Al cierre de su mensaje, el obispo exhortó a recuperar la responsabilidad social colectiva y concluyó con una oración:

Que el Señor nos conceda la valentía de no acostumbrarnos a la injusticia, la honestidad para actuar correctamente y la responsabilidad necesaria para contribuir, desde nuestra propia realidad, a una sociedad más justa y solidaria».