La tragedia migratoria ocurrida en aguas del Caribe sigue dejando luto e incertidumbre. Este domingo, las autoridades elevaron a siete la cifra de personas fallecidas tras el naufragio de una embarcación que partió desde República Dominicana con rumbo a Puerto Rico, en un intento irregular de cruce marítimo.
Tercer día de búsqueda: cuerpos siguen apareciendo
Los equipos de rescate, conformados por personal de la Defensa Civil, la Armada Dominicana y voluntarios, completaron su tercer día consecutivo de labores de rastreo. Según confirmaron las autoridades, se mantienen activos en la zona donde ocurrió el siniestro, ya que aún se reportan personas desaparecidas.
“Continuamos con las labores porque los cuerpos siguen apareciendo, pero uno directamente no sabe cuántas personas iban a bordo”, explicó Juan Manuel Castillo, portavoz de la Defensa Civil.
Incertidumbre sobre el número real de pasajeros
Uno de los grandes desafíos que enfrentan los rescatistas es la falta de certeza sobre cuántas personas iban a bordo. Aunque algunos sobrevivientes estiman entre 40 y 50 migrantes, la cifra no ha podido ser confirmada oficialmente. Las dificultades para identificar a los ocupantes se agravan debido al carácter ilegal y clandestino del viaje.
17 sobrevivientes confirmados
Hasta el momento, 17 personas han sido rescatadas con vida, incluyendo ciudadanos de nacionalidad haitiana y dominicana. Algunos de ellos fueron trasladados a centros de salud, mientras que otros permanecen bajo custodia de las autoridades migratorias.
Las operaciones de búsqueda se reanudarán este lunes, y según los resultados obtenidos durante la jornada, las autoridades decidirán si extienden las labores o si se considera cerrar oficialmente el operativo.
Un drama migratorio recurrente
Este naufragio es uno de los tantos episodios que reflejan el riesgo extremo al que se enfrentan cientos de personas que buscan llegar a Puerto Rico a través de rutas marítimas irregulares, muchas veces abordo de embarcaciones precarias conocidas como yolas.
La ruta entre República Dominicana y Puerto Rico, aunque corta geográficamente, está llena de peligros: fuertes corrientes, condiciones climáticas adversas y la sobrecarga de pasajeros en botes que no cumplen con normas mínimas de seguridad.
Organizaciones humanitarias y expertos en migración han reiterado el llamado a los gobiernos de la región a fortalecer la cooperación bilateral, crear vías seguras de migración y atender las causas estructurales que empujan a miles de personas a arriesgar sus vidas en el mar.
Las familias de los desaparecidos, en tanto, siguen esperando noticias en medio de la angustia, mientras el Caribe vuelve a ser escenario de una tragedia humana que se repite con alarmante frecuencia.
