Clan Tómbola”: liderado por una familia de Guatuso que logró crear 24 sociedades

Guatuso, Costa Rica. Lo que empezó como un humilde negocio familiar de venta de lotería en el cantón de Guatuso se convirtió en una de las redes de lavado de dinero más complejas descubiertas en lo que va del año. Bajo el nombre de “Caso Tómbola”, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) destapó una estructura delictiva con rostro de familia: un clan que usó vínculos de sangre, empresas de papel y complicidades institucionales para mover más de ?1.000 millones en tan solo dos años.

El centro de la operación estaba en manos de Edgar Mora Durán, conocido como “Pepe”, un hombre de 45 años que supo disfrazar una red de legitimación de capitales bajo el aparente éxito de “Puestos de Lotería Mora”. Desde su base en la Zona Norte, el clan se expandió hacia San Carlos, La Fortuna, Los Chiles y Guanacaste, abriendo hasta 300 puestos, construyendo sus propias estructuras de venta y multiplicando ingresos ilegales a través de distintos giros comerciales.

El negocio de la familia

El apellido Mora Durán fue clave para entender el alcance de la red. No se trataba de una banda común, sino de un verdadero consorcio familiar criminal, donde cada integrante tenía un rol bien definido: desde la gestión contable hasta el blindaje legal y la custodia armada.

Además de “Pepe”, otros miembros del núcleo familiar ocupaban posiciones estratégicas. Su madre, un hermano y su tío “Beto Panadero” —con antecedentes por robo y narcotráfico— fueron pieza fundamental en el engranaje. También participaban su esposa, una hija mayor de edad, cuñadas, una contadora de confianza y un desarrollador web. Algunos de ellos administraban casas de seguridad en Escazú y Guatuso, utilizadas para ocultar bienes y dinero.

“No era una operación improvisada. Era una estructura familiar sólida, con tentáculos comerciales y acceso a funcionarios públicos”, explicó Vladimir Muñoz, subdirector interino del OIJ.

Sociedades anónimas, licores y carros de lujo

El grupo operaba mediante 24 sociedades anónimas registradas a nombre de miembros del clan o testaferros. Desde esos frentes controlaban no solo los puestos de lotería, sino también una librería, una constructora, licoreras y venta de autos de alta gama.

Una de las principales fuentes de ingresos ilegales fue el comercio de bebidas alcohólicas, con ingresos que superaban cualquier lógica comercial para las zonas donde operaban. Esto alertó a los agentes, quienes comenzaron a rastrear los movimientos financieros del grupo entre 2021 y 2022, evidenciando un crecimiento patrimonial desproporcionado.

La red contaba con ayuda institucional

Tres funcionarios públicos —uno del Ministerio de Salud, otro del Banco Nacional y uno más de la Junta de Protección Social (JPS)— colaboraban con la red criminal. Según el OIJ, facilitaban permisos, trámites y evasión de controles.

Todas estas instituciones fueron allanadas durante el operativo del jueves pasado, y sus funcionarios quedaron a disposición del Ministerio Público como parte de la causa judicial.

Un operativo con sangre

La captura del líder del clan no fue pacífica. A las 6:00 a.m., agentes judiciales intentaron detener a Mora Durán cuando salía de su casa rumbo a Monterrey de San Carlos. Sin saberlo, ya era seguido por la Unidad de Vigilancia del OIJ.

Durante la persecución, dos de sus escoltas abrieron fuego desde el vehículo, iniciando un intercambio de disparos. Ambos fueron abatidos en el sitio, identificados como hombres de 37 años de apellidos Acevedo y Pérez. Mora resultó con heridas leves y fue detenido. Ningún agente salió herido.

Decomisos millonarios

La operación permitió ejecutar 24 allanamientos simultáneos, con los siguientes resultados:

  • ?362.719.275 en efectivo
  • $32.468 en dólares
  • 4 maquinarias pesadas
  • 1 embarcación
  • 29 vehículos
  • 6 armas de fuego (fusiles, pistolas y un rifle)
  • 14 computadoras y 12 celulares
  • Joyas, relojes y artículos de lujo
  • Artículos robados: 34 bolsas de leche en polvo y 19 pantallas
  • Gran cantidad de licor: 45 botellas de whisky y 96 de ron

El legado criminal de un apellido

El “Clan Tómbola” no solo representa una red de lavado de dinero. Es un ejemplo de cómo el crimen organizado puede adoptar la apariencia de emprendimiento local, mezclarse con estructuras institucionales y operar durante años sin ser detectado.

Lo que parecía ser un próspero negocio familiar era, en realidad, una fachada para el lavado sistemático de dinero, operado por una familia que supo blindarse, escalar y prosperar, hasta que el OIJ logró romper su suerte.