“Por este país vale la pena morir”, solía decir el coronel Alfonso Monge Ramírez, quien ofrendó su vida por Costa Rica el 11 de noviembre de 1960, al caer en una emboscada en la frontera norte mientras lideraba una misión oficial.
Consciente de su legado y del valor de su sacrificio, el diputado Jorge Rojas presentó en la Asamblea Legislativa el proyecto de ley 24820, que busca reconocerlo como Benemérito de la Patria, convirtiéndose así en el primer oficial de la Fuerza Pública en recibir esta distinción.
El coronel Monge es recordado como el único director de la Fuerza Pública que murió en ejercicio activo de sus funciones y en cumplimiento del deber. Su entrega constituye un símbolo del patriotismo civilista que marcó la identidad nacional tras la abolición del ejército en 1949.
A lo largo de los años, su memoria ha sido perpetuada en distintos espacios: un busto y una placa en el Parque Central de Ciudad Quesada; el edificio de Migración en Peñas Blancas que lleva su nombre; un monumento en San Dimas de La Cruz, lugar de su caída; una patrullera donada en 1991 por el gobierno de Estados Unidos, y la escuela de su natal Naranjo.
En vida, además de su servicio, compartió proyectos en la zona norte junto al expresidente Otilio Ulate Blanco, con quien desarrolló la Hacienda La Vieja en Florencia. Su familia, con raíces en San Carlos y Grecia, mantiene vivo el recuerdo de sus valores y entrega.
De aprobarse este proyecto, el país no solo exaltaría su figura, sino también el sacrificio de todos los miembros de la Benemérita Fuerza Pública que han entregado su vida por la paz y la justicia.
El coronel Alfonso Monge Ramírez representa un antes y un después en la historia de la seguridad costarricense: un héroe del siglo XX que encarna el valor, la soberanía y la convicción de una Costa Rica que, sin ejército, confía en sus instituciones civiles para resguardar la paz.

