El Clan del Golfo, considerado hoy como la organización criminal con mayor poder en Colombia, ha sido protagonista de múltiples informes que destacan su crecimiento acelerado, su sofisticado portafolio criminal y su influencia en redes de tráfico internacional, detalla el medio Puro Periodismo.
Este grupo armado, con más de 7.000 integrantes según fuentes de inteligencia, domina actividades como narcotráfico, minería ilegal, extorsión, lavado de dinero y tráfico de migrantes por la peligrosa ruta del Darién. Un informe reciente de la Fundación Ideas para la Paz advierte que su expansión responde a una estructura híbrida: crimen organizado con tácticas de combate militar. Se estima que ya tiene presencia en al menos 300 municipios colombianos.
El 20 de febrero de 2025, el Departamento de Estado de EE.UU. lo designó oficialmente como grupo terrorista, junto a organizaciones como el Cártel de Sinaloa y la Mara Salvatrucha. Este reconocimiento coincidió con nuevas revelaciones sobre los presuntos vínculos del exmagistrado costarricense Celso Gamboa con la red del Clan del Golfo.
Según documentos judiciales de EE.UU., divulgados por La Nación y sustentados por una declaración jurada de un agente del FBI en Dallas, Gamboa habría coordinado la recepción de cocaína en Costa Rica procedente de traficantes vinculados al Clan del Golfo y el Cártel de Sinaloa. El informe añade que utilizó su rol como exviceministro de Seguridad para filtrar información confidencial sobre operativos antidrogas, y que tejió una red de corrupción con otros actores locales ya identificados por el Departamento del Tesoro.
El exmagistrado, detenido desde junio y en espera de extradición, ha negado los cargos. Sin embargo, las autoridades estadounidenses lo consideran una figura clave en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y Europa.
En paralelo, el exlíder del Clan del Golfo, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, extraditado en 2022 y declarado culpable en EE.UU. en 2023, enfrenta una condena de entre 20 años y cadena perpetua. En su proceso judicial, Otoniel ha vinculado a altos funcionarios colombianos con redes de narcotráfico y paramilitarismo.
Hoy, el Clan del Golfo representa uno de los mayores desafíos para la seguridad regional, no solo por su capacidad militar y económica, sino por su influencia política y social, que continúa expandiéndose pese a los esfuerzos binacionales por desmantelarlo.

