En la comunidad de La Legua de Pital, San Carlos, una familia vive desde hace tres meses un calvario que no termina. No solo les arrebataron bienes materiales, vehículos y pertenencias, también les robaron la salud y la paz.
“Juan” —nombre ficticio para proteger su identidad— recuerda con voz entrecortada la noche del 29 de mayo, cuando seis hombres armados irrumpieron en su hogar. Eran las 7:30 p.m. cuando encañonaron a su madre, a su esposa y a sus hijos. Luego, amordazaron a todos y comenzaron a vaciar la vivienda como si se tratara de una mudanza.
Se llevaron un camión de trabajo, un pick-up Mitsubishi L200, herramientas, muebles, joyas e incluso la ropa de la familia. “Solo dejaron un sillón y las camas”, relata Juan, quien aún revive con angustia el momento en que los delincuentes lo sorprendieron al llegar a casa. La escena que encontró lo persigue: platos servidos en la mesa, su familia en silencio y, segundos después, las armas apuntando contra él y su hija.

El robo tuvo tintes de burla. Tras cargar los vehículos con todas las pertenencias, los asaltantes se sentaron a la mesa de la familia, comieron chicharrones y bebieron una botella de licor que encontraron en la casa. “Se fueron satisfechos, como si nada. Nos dejaron con las manos vacías”, dice.
Secuelas que no sanan
Desde aquella noche, la vida de la familia cambió drásticamente. Juan, dedicado a la ganadería, perdió sus herramientas y hasta las botas de trabajo. Ha desarrollado problemas de ansiedad que lo obligan a recibir tratamiento médico. Sus hijas quedaron sin ropa para el colegio y han bajado el rendimiento académico, mientras que su esposa, asegura, se ha visto afectada psicológicamente al punto de perderse en sus pensamientos.
La impotencia de saber y no obtener justicia
La frustración aumenta porque, según el testimonio de Juan, él mismo ha logrado identificar a los responsables. Asegura que la banda, originaria de Sarapiquí, sigue operando en la zona y que incluso el ladrón principal exhibe la camioneta robada en redes sociales. Afirma también que una hija del supuesto delincuente publica fotografías vistiendo la ropa que era de sus propias hijas.
“Yo he hecho de detective. Sé dónde está el carro, sé quiénes son y se lo he dado todo al OIJ. Pero no pasa nada”, lamenta.
El caso permanece sin avances, pese a que, según el afectado, la misma banda estaría detrás de otros robos recientes en comunidades como Aguas Zarcas y Río Cuarto.
Un llamado urgente
La familia clama por acción inmediata de las autoridades judiciales. “No es solo por mí, es por la seguridad de todos en San Carlos. Esta gente sigue libre, sigue robando, y mientras tanto nosotros vivimos con miedo”, concluye Juan.

