La polémica por la demolición del piso de terrazo de la Catedral de Ciudad Quesada sigue encendiendo los ánimos en San Carlos. Mientras vecinos reclaman diálogo y la suspensión de las obras, monseñor Manuel Garita, obispo de la Diócesis, continúa sin pronunciarse públicamente sobre el tema.
El historiador sancarleño Luis Gerardo Valenciano hizo un llamado directo a Garita para que “abra un espacio de diálogo con los sancarleños y detenga la demolición del piso de terrazo que está en buenas condiciones, y que además forma parte del patrimonio arquitectónico construido con el esfuerzo de la comunidad”.
Ayer, un grupo de vecinos se reunió en el atrio de la Catedral para manifestar su oposición a la sustitución del terrazo por porcelanato. Los participantes señalaron que su lucha es por proteger el patrimonio local.
Pese a las protestas, la Diócesis difundió un comunicado firmado por su vocero, Gerardo Pana, en el que justificó el cambio alegando que el piso, colocado hace 50 años, presenta deterioro y representa un riesgo, especialmente para adultos mayores. No obstante, los manifestantes rechazan este argumento y sostienen que el material es resistente y se encuentra en buen estado, por lo que consideran que la decisión es un gasto innecesario y una pérdida patrimonial.
El comunicado, difundido en Radio Santa Clara, provocó más controversia al dedicar la mayor parte de su contenido a cuestionar al periodista y exdiputado que dirige el medio regional La Región, Ramón Carranza , incluso con advertencias de posibles acciones legales. Apenas un breve párrafo se destinó a explicar las razones del cambio del piso.
En redes sociales, la presión contra monseñor Garita aumenta. Algunos vecinos exigen explicaciones y que “dé la cara”, mientras otros van más allá y piden su renuncia. Las críticas también incluyen señalamientos por aparentes decisiones pasadas, como cambios en Radio Santa Clara, la aparente expulsión de religiosas del Colegio María Inmaculada y el uso de obras sociales impulsadas por la comunidad con fines comerciales.
La controversia deja al descubierto una creciente fractura entre la feligresía sancarleña y la jerarquía eclesiástica local, que por ahora permanece en silencio.

