Mientras Guatemala y El Salvador descorchan la champaña para celebrar la eliminación de aranceles en Estados Unidos, Costa Rica se queda viendo desde la acera del frente… y no por mala suerte, sino —según el dardo de Laura Chinchilla— por pura obsesión vengativa del presidente Rodrigo Chaves.
La exmandataria le pasó factura pública al mandatario al recordarle que, en vez de tomar el vuelo diplomático hacia Washington para empujar negociaciones comerciales cruciales, prefirió gastar gasolina política exigiendo el retiro de visas a quienes considera sus “enemigos”.
En palabras simples: mientras los vecinos negocian, Chaves pelea; mientras otros abren mercados, aquí se abren expedientes; mientras Centroamérica avanza, Costa Rica se queda empantanada en el drama presidencial.
El reclamo es claro y ácido: si el Gobierno hubiera dedicado menos tiempo a ajustar cuentas políticas y más a proteger la economía nacional, quizás hoy el país estaría celebrando junto a la región… y no quedándose con la sensación amarga de que la oportunidad pasó volando sin que nadie la alcanzara.

