Un guanacasteco de 118 años será el tico más longevo en votar

El silencio de la madrugada en Sardinal de Carrillo se rompe apenas con el canto de los gallos. Allí, en una casa modesta y rodeada de árboles viejos como la historia misma, vive el hombre que este 1 de febrero se convertirá en el votante más longevo de Costa Rica… y del mundo.

Se llama José Flores Flores, tiene 118 años, y guarda en su memoria más elecciones de las que cualquier otro costarricense vivo podría recordar.

El Padrón Electoral 2026 arrojó un dato que parece sacado de un libro de historia: 969 costarricenses centenarios podrán acudir a las urnas. De ellos, 655 son mujeres y 314 hombres, según datos del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Pero ninguno supera a don José.

Nació el 11 de julio de 1907, cuando el país aún era profundamente rural y el mundo apenas empezaba a conocer la electricidad. Hoy, con más de un siglo encima, forma parte del selecto grupo de los supercentenarios, personas que superan los 110 años. Son menos de 800 en todo el planeta.

Aunque actualmente vive en Guanacaste, durante décadas su hogar estuvo en Santa Rosa de Pocosol, San Carlos, donde forjó una larga vida de trabajo y familia. Hace poco más de un año regresó a su tierra natal, donde ahora recibe el cariño de vecinos que lo ven como un tesoro vivo.

A pesar de su edad extraordinaria, don José conserva una lucidez que sorprende a quienes lo visitan. Su memoria recorre paisajes, labores y épocas que la mayoría solo conoce por libros. Camina con apoyo cuando es necesario, pero su voluntad permanece intacta, especialmente cuando se trata de cumplir con “el deber sagrado de votar”, como él mismo lo ha expresado en más de una ocasión.

El próximo 1 de febrero, cuando Costa Rica elija a su nuevo presidente, diputados y autoridades municipales, el votante número uno en longevidad será un sancarleño, un hombre que ha visto pasar guerras, terremotos, pandemias y transformaciones inimaginables… y aun así se prepara para acercarse una vez más a la urna.

En tiempos en que muchos dudan de participar, la figura de don José Flores Flores se levanta como un recordatorio poderoso:

la democracia también se sostiene con los pasos lentos, firmes y llenos de historia de quienes no han perdido la fe en ella.