Chaves pierde la paciencia: manda a la Policía a silenciar a manifestantes que le gritaron “¡Fuera!” en acto de la Abolición del Ejército
La ceremonia para conmemorar la Abolición del Ejército frente al Museo Nacional terminó convertida en un retrato perfecto del carácter del presidente Rodrigo Chaves… y de su tolerancia a las críticas: poca, muy poca.
Un grupo de costarricenses llegó a la actividad para manifestarse contra las políticas del Gobierno. Apenas Chaves tomó el micrófono, empezaron a escucharse los gritos de “¡Fuera! ¡Fuera!”. El presidente, que suele jactarse de su amor por el “pueblo”, claramente no soportó que una parte de ese mismo pueblo le llevara la contraria en su propia tarima.
Mientras lanzaba su ya habitual discurso —ese en el que dice que “lo quieren derrocar” y aprovecha para repartir dardos contra los otros Poderes de la República— los abucheos crecieron. En respuesta, los seguidores del mandatario, colocados estratégicamente alrededor, empezaron a corear consignas a favor suyo, creando un ambiente de choque.
Chaves intentó mantener el gesto, pero la incomodidad se le notó. De pronto, pasó del tono solemne a uno mucho más visceral:
“Un grupito chiquito de malcriados que se ahogan en el mar de la voz del pueblo. Óiganlos, ni siquiera dejan dar un discurso ni escucharlo con respeto. Se ahogan en las olas, en el tsunami de quienes dicen que no estamos solos. Son sordos, ciegos, pero no mudos”.
Con los gritos de “¡Fuera!” ganando volumen y el rostro del presidente endureciéndose, llegó el momento decisivo. Chaves, visiblemente molesto, detuvo su discurso y lanzó la orden:
“Le ruego a la Fuerza Pública que aplique la ley como se debe, respetando nuestra Constitución”.
Minutos después, un oficial se acercó al pequeño grupo de manifestantes, que ya estaba rodeado por simpatizantes del presidente. Entre discusiones y empujones verbales, la presión surtió efecto: los reclamos cesaron. Silencio forzado, pero silencio al fin.
Con los críticos apagados —literalmente— Chaves retomó su intervención como si nada hubiese pasado, esta vez concentrado en exaltar la abolición del Ejército… mientras hacía uso, paradójicamente, de la policía para sofocar las voces incómodas.
Un episodio breve, pero revelador: en el país sin ejército, el mandatario demostró que tampoco tolera la “subversión” de quienes se atreven a gritarle lo que no quiere escuchar.

