Viceministro dice que se respetara debido proceso con policías detenidos en Crucitas

Tres policías, tres millones y el eterno caldo de corrupción en Crucitas”

El caso de los tres policías detenidos con casi tres millones de colones en la zona de Crucitas no cayó como sorpresa: más bien como una confirmación de que el caldo de corrupción que hierve en ese territorio hace rato ya salpicó hasta los uniformes que deberían proteger la ley.

El viceministro de Unidades Regulares, Eric Lacayo, aseguró que el Ministerio de Seguridad Pública “respetará el debido proceso” y aplicará las medidas disciplinarias correspondientes. La frase, repetida como mantra institucional, suena casi poética en un lugar donde las mafias del oro han logrado lo que pocos: convertir un sector fronterizo en territorio de nadie, donde mandan el dinero rápido, las estructuras criminales y el silencio obligado.

Los tres oficiales ya están bajo custodia judicial y serán presentados hoy mismo ante la Fiscalía. Seguridad Pública, por su parte, afirma estar colaborando con la investigación interna. No está de más recordar que en Crucitas no solo se ha encontrado oro y sobornos, sino un historial de violencia y muertes vinculadas a bandas, coligalleros, disputas territoriales y hasta a la minería ilegal protegida por grupos que operan como verdaderos carteles locales.

En una zona donde el Estado llega tarde, llega poco y a veces llega también embarrado, este nuevo episodio vuelve a dejar claro que Crucitas no es solo un problema ambiental o policial: es un ecosistema perfecto para la impunidad, donde las mafias tienen capacidad para tentar, infiltrar y comprar desde peones hasta oficiales armados.

Porque si algo deja en evidencia este caso es que, en Crucitas, la línea entre el guardián y el cómplice es tan delgada como el polvo de oro que se disputan las mafias. Y en esa ecuación peligrosa, donde ya ha corrido sangre y donde cada cierto tiempo aparece un nuevo muerto o desaparecido, la corrupción no es un accidente: es parte del paisaje, un negocio tan estable como el que debería estar combatiendo la Fuerza Pública.

Mientras los tres policías aguardan su cita con la Fiscalía, la pregunta vuelve a la mesa:

¿Quién custodia a los custodios en Crucitas, donde el oro compra incluso lo que no debería tener precio?

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