Infinito Gold: la huella que permitió el auge de la minería ilegal en Crucitas
Investigación | 23 de noviembre de 2025
La prohibición de la minería a cielo abierto en Costa Rica, vigente desde 2010, no detuvo la salida masiva de oro desde el país. Entre 2017 y 2019, Costa Rica exportó más de 2.500 toneladas del metal, una cifra que contrasta con la falta de operaciones legales a gran escala, detalla una investigación publicada en Revista Raya (revista raya.com)

De acuerdo al ambientalista Edgardo Araya está investigación destruye los mitos de que “los nicas se están robando el oro” para traernos la realidad. Una mafia de empresariado nacional y extranjero vinculado con la “minería legal” de Abangares y Miramar está detrás del negocio de contrabando de oro y controla a los trabajadores migrantes. Son los mismos que están detrás de la legalización de la minería en Crucitas. Los ladrones siempre han sido los mismos.
Detrás de ese crecimiento explosivo hay una constante: las coordenadas, estudios y hallazgos entregados años atrás por la multinacional Infinito Gold, cuyo frustrado proyecto en Crucitas abrió la puerta al saqueo más grande de oro en la historia reciente del país.
Cómo comenzó el saqueo
Tras perder definitivamente la batalla judicial contra el Estado, Infinito Gold abandonó infraestructura, caminos y —según testigos y documentos judiciales— información precisa sobre las vetas detectadas en los cerros La Fortuna, Botija y Fuentes. Esa cartografía mineral se convirtió en el mapa del tesoro para miles de coligalleros que, desde 2017, invadieron las fincas y se instalaron con picos, palas, plantas eléctricas y maquinaria agrícola.
Las escenas de hoy no corresponden a minería artesanal: túneles de hasta 60 metros de profundidad, taladros, rotomartillos, motobombas y sacos enteros de piedra triturada que salen cada día hacia Guanacaste y Puntarenas.
En 2017 la extracción ilegal se concentraba en 910 hectáreas. Ocho años después, la actividad se expandió a más de 3.000 hectáreas, según datos policiales.
El agua: limpia según el Estado, contaminada según la realidad
Aunque el Ministerio de Salud insiste en que el agua ya no presenta riesgos por mercurio o cianuro, continúa enviando camiones cisterna a las comunidades de Crucitas. Para los vecinos, esa medida revela la desconfianza sobre la calidad del líquido que baja de los cerros, donde la tierra se remueve y se lava sin control.
La contradicción de las cifras del oro
Los números del Estado no calzan.
- Procomer: reporta 2.652 toneladas exportadas entre 2017 y mediados de 2025.
- Ministerio de Hacienda: solo reconoce 9,1 toneladas en ese mismo periodo.
La diferencia —más de 2.600 toneladas— apunta a un gran vacío: no existe un sistema confiable para rastrear el oro que se compra a mineros artesanales ni mucho menos el que se extrae ilegalmente de Crucitas.
El rol de los empresarios del oro
Tres nombres aparecen repetidamente en la historia minera del país:
- Steven Dean, expresidente de Infinito Gold
- John Thomas, exgerente de la operación en Costa Rica
- Arnoldo Rudin, geólogo costarricense, exadministrador de la minera y actual presidente del Colegio de Geólogos
Rudin también trabaja para Río Minerales, empresa del ingeniero canadiense Charles Thomas Ogryzlo, dueño de la mina Bellavista en Miramar, cerrada desde 2007 tras un derrumbe y un derrame de cianuro. A pesar de que esa mina no opera, sus registros muestran que entre 2019 y agosto de 2025 exportó más de 6.5 toneladas de oro y envió toneladas de carbón activado a Estados Unidos para refinación.
Las preguntas son inevitables:
¿De dónde sale ese oro? ¿Por qué exporta una mina inactiva? ¿Es Crucitas la verdadera fuente?
La invasión no fue espontánea
Un informe entregado en 2020 a la Sala Constitucional revela que la llegada de miles de coligalleros fue organizada. Según el exministro Carlos Manuel Rodríguez, detrás había coordinación entre:
- dueños de fincas en Crucitas,
- trabajadores y contratistas de Infinito Gold,
- comerciantes de oro de Abangares y Miramar.
Hubo incluso testimonios de que personal de la empresa compartió información confidencial: dónde estaban las vetas y el potencial del yacimiento.
La ruta del oro: de Crucitas a Abangares y Miramar
Los coligalleros extraen la piedra, la empacan y la envían por carretera a zonas donde sí hay permisos de minería artesanal: Monterrey, Guatuso, Abangares y Miramar. Allí las cooperativas y plantas privadas procesan toneladas de material que, según múltiples testimonios, incluyen la piedra de Crucitas.
Una declaración jurada del vendedor es lo único que el Estado exige para registrar la procedencia del oro. Nada más.

El círculo: pobreza, violencia y territorios sin Estado
En Crucitas hoy operan más de 36 puntos de extracción ilegal, muchos con presencia de hombres armados que vigilan las minas y expulsan a la policía. La Fuerza Pública solo mantiene un contingente de 50 oficiales, insuficiente ante un territorio minado, literalmente.
Vecinos como Neri Segura han llegado a contar 300 personas entrando en un solo día al cerro. La mayoría son migrantes nicaragüenses, pagados por los empresarios para abrir túneles, extraer piedra y lavar oro en grandes plantas procesadoras.
Abangares y Miramar: los centros de procesamiento
En Abangares, cuna histórica de la minería, las piscinas de cianuración han aumentado. Allí coexisten mineros de subsistencia con compradores privados y exportadores que manejan grandes volúmenes. En Miramar, Ogryzlo continúa procesando y exportando oro, pese a que solo debería operar minería artesanal.
El resultado: un sistema diseñado para no dejar rastro
El origen real del oro exportado por Costa Rica desde 2017 sigue sin respuesta. Los datos indican que la minería artesanal jamás podría producir cantidades superiores a las 2.600 toneladas que reportó Procomer. Todo apunta a una maquinaria de extracción masiva alimentada con oro de Crucitas, mientras las empresas se escudan en declaraciones de “buena fe”.
