José María Figueres sabe lo que es romper en llanto frente a las cámaras. No ha sido una vez, ni dos, sino varias ocasiones a lo largo de su carrera política en las que el expresidente y candidato liberacionista ha dejado que las emociones lo desborden. Sus lágrimas —celebradas por algunos y cuestionadas por otros— han marcado episodios clave de su trayectoria.
1995: Lágrimas en San Carlos por la “anhelada carretera” que nunca llegó
Hace 27 años, en plena campaña electoral, Figueres visitó San Carlos como candidato del PLN. Allí, al ver los avances de la largamente esperada vía a San Carlos, no pudo contener el llanto. Aseguró, con voz quebrada, que su gobierno finalmente concluiría la obra. Sin embargo, esa promesa nunca se cumplió durante su administración (1994-1998), y la carretera sigue siendo —hasta hoy— uno de los proyectos más frustrados del país.

2016: Lágrimas por nostalgia y por tamales desde Suiza
Años más tarde, mientras vivía en Suiza, concedió una entrevista a Telenoticias en 2016. Terminó llorando otra vez, esta vez por la nostalgia de no poder pasar diciembre en Costa Rica y por no poder comer tamales en familia. Las imágenes generaron empatía para unos, burla para otros.
2018: Lágrimas porque el PLN no llegó a la segunda ronda
En mayo de 2018, al analizar las elecciones presidenciales, Figueres volvió a quebrarse. Esta vez lloró porque el Partido Liberación Nacional no tuvo un candidato en segunda ronda. Dijo sentirse dolido y confirmó que votó por Carlos Alvarado. Otra vez, el emotivo discurso acaparó la atención mediática.

2021: Lágrimas por pedir que un compañero renuncie a su aspiración
Las más recientes lágrimas —el pasado 25 de septiembre— tampoco fueron las primeras ni, probablemente, las últimas. En esta ocasión, Figueres lloró al pedirle al alcalde de Desamparados, Gilberth Jiménez, que renunciara a pelear por el tercer lugar en la papeleta de San José, para ceder ese espacio a Danny Vargas, aliado de Johnny Araya. Un momento incómodo, transmitido y analizado en redes sociales como muestra del desgaste interno del PLN.
¿Estrategia o sensibilidad genuina?
Las opiniones están divididas:
- Para muchos, se trata de una estrategia emocional, un recurso para conectar con el electorado, generar empatía o desviar la atención en momentos de presión. Las llamadas “lágrimas de cocodrilo”.
- Para otros, Figueres es un político genuinamente sentimental, cuya emocionalidad se desborda sin cálculo. Un carácter que lo acompaña desde siempre y que él mismo nunca ha ocultado.
Lo cierto es que su historial es extenso y las lágrimas se han convertido en un sello recurrente de su figura pública. En política, las emociones pueden ser fortaleza o debilidad. Y en el caso de Figueres, cada quiebre emocional reaviva el debate:
¿estamos ante un político sensible o ante un líder que usa el llanto como herramienta discursiva?
