La violencia ligada al crimen organizado en el país está dejando una de sus consecuencias más dolorosas: niños y niñas que terminan heridos o muertos en medio de tiroteos que no iban dirigidos contra ellos.
Datos recientes evidencian una realidad alarmante. Solo en 2025, al menos 18 menores resultaron heridos o fallecidos en balaceras en distintas partes del país, muchos de ellos alcanzados por balas perdidas mientras caminaban o permanecían en sus casas .
A esto se suma que al menos 25 menores de edad fueron asesinados de forma violenta ese mismo año, en muchos casos vinculados a entornos de criminalidad .
Uno de los hechos más recientes ocurrió en Esparza, donde un niño de 11 años murió junto a su padre tras un ataque armado. En la escena se contabilizaron múltiples disparos, reflejando la violencia del hecho .
Semanas antes, otros casos ya encendían las alarmas:
- Una niña de 8 años fue impactada por una bala en el pecho mientras caminaba por la vía pública.
- Una adolescente de 14 años resultó herida en medio de un tiroteo en una comunidad.
En muchos de estos incidentes, las víctimas no tenían relación directa con actividades delictivas, pero estaban cerca del lugar o acompañaban a familiares.
Exposición al riesgo: cuando los adultos fallan
Especialistas señalan que en varios casos los menores estaban expuestos a entornos de alto riesgo por decisiones de adultos:
- Presencia en sitios donde operan bandas criminales
- Relaciones o vínculos familiares con personas involucradas en actividades ilícitas
- Falta de medidas de protección en zonas conflictivas
Incluso, datos de la Fiscalía evidencian otro problema paralelo: la violencia contra menores dentro del propio hogar. Solo en el primer semestre de 2025, 10 niños murieron a manos de sus propios padres o cuidadores .
Víctimas colaterales de una guerra invisible
Expertos coinciden en que muchos de estos casos son consecuencia de disputas entre grupos criminales, donde las balas no distinguen entre objetivos y personas inocentes.
El aumento de homicidios en el país también ha estado ligado al narcotráfico y al crimen organizado, generando un contexto donde los llamados “daños colaterales” son cada vez más frecuentes.
Más allá de las cifras, cada caso refleja una falla estructural: niños creciendo en entornos donde la violencia se ha normalizado.
Autoridades y especialistas insisten en la necesidad de:
- Fortalecer la seguridad en comunidades vulnerables
- Promover entornos seguros para la niñez
- Denunciar situaciones de riesgo
- Evitar exponer a menores a conflictos o actividades delictivas
Los niños no son parte del conflicto, pero están pagando sus consecuencias. Cada tiroteo que deja una víctima menor de edad evidencia una realidad preocupante: la violencia no solo está creciendo, sino que está alcanzando a los más indefensos.

