Desde la madrugada de este martes, la Fiscalía de Narcotráfico y Delitos Conexos, en conjunto con la Policía de Control de Drogas (PCD), desplegó un amplio operativo con 23 allanamientos en comunidades de Caldera y Esparza, en Puntarenas, con el fin de desmantelar una estructura criminal vinculada al narcotráfico.
La organización era dirigida hasta hace aproximadamente ocho meses por José Rodolfo Garbanzo Rodríguez, conocido como “Mufasa”, quien fue asesinado el 15 de agosto del 2025 en un bar de Lindora, en Santa Ana. Según las autoridades, el crimen estaría relacionado con disputas entre grupos rivales por el control de la droga.
Pese a la muerte del líder, la agrupación no se desarticuló. Por el contrario, uno de sus hermanos asumió el mando, lo que obligó a las autoridades a redirigir la investigación hacia el nuevo cabecilla.
Las pesquisas revelan que, aunque la banda tenía su base en Pavas y operaba junto a la organización conocida como Los Myrie, logró expandir su influencia hacia el Pacífico Central, especialmente en Caldera y sectores de Esparza, donde consolidó su presencia en el último año.
Violencia interna y refugio en casas de seguridad
El actual líder también ha sido blanco de ataques. En diciembre del 2025 sobrevivió a una balacera, mientras que otros dos miembros de la organización fueron asesinados en ???ios distintos, reflejando la violencia que rodea a este grupo.
Ante estas amenazas, los sospechosos optaron por movilizarse y ocultarse en diversas casas de seguridad en Puntarenas. Una de ellas, ubicada en el proyecto Cambalache en Esparza, destaca por su tamaño, con más de 2.000 metros cuadrados, y era utilizada como punto estratégico para evadir tanto a rivales como a las autoridades.
Además, informes policiales indican que desde años atrás la organización mantenía presencia en barrio Villa Nueva, donde se les observaba frecuentemente movilizándose en un vehículo Mercedes Benz. Incluso, en abril del 2023 fueron nuevamente detectados en esa misma comunidad.
Las autoridades estiman que el grupo llevaba al menos dos años dominando la venta de drogas en la zona, situación que generó conflictos con otras bandas locales.
Para operar, utilizaban calles estrechas y una red de “campanas”, personas encargadas de alertar sobre movimientos policiales, lo que les permitía reaccionar rápidamente y evitar detenciones.

