Lo que ocurre en Crucitas dejó de esconderse hace mucho tiempo. Ahora son los propios coligalleros quienes, mediante videos y fotografías difundidas en redes sociales, muestran la dimensión de la extracción ilegal de tierra y oro en sectores como Cerro La Conchudita, una de las zonas más golpeadas por la minería clandestina.
Las imágenes evidencian enormes huecos, montañas removidas, caminos improvisados, maquinaria artesanal y decenas de personas trabajando a plena luz del día, en una actividad que muchos vecinos aseguran ocurre frente a la mirada de las autoridades.
Según publicaciones difundidas por el medio regional El Norte Hoy, la realidad de Crucitas refleja una mezcla de abandono estatal, pobreza, crimen organizado y devastación ambiental que desde hace años preocupa a ambientalistas, vecinos y cuerpos policiales.
Bosques arrasados y ríos contaminados
La extracción ilegal de oro ha provocado severos daños en los bosques y suelos de Crucitas. Grandes extensiones de montaña han sido removidas en busca del mineral, dejando terrenos erosionados, árboles talados y quebradas alteradas.

Uno de los principales temores es el uso de mercurio y otros químicos utilizados para separar el oro, lo que podría estar contaminando fuentes de agua y afectando ecosistemas cercanos. Además, los huecos abandonados se convierten en focos de sedimentación y peligro para animales y personas.
Vecinos aseguran que el paisaje natural cambió radicalmente en pocos años y que sectores antes cubiertos de bosque hoy parecen verdaderos campos devastados.
Un territorio tomado por el oro
La fiebre del oro atrajo a cientos de personas de distintas partes del país e incluso extranjeros que llegan a la zona buscando sobrevivir mediante el coligalleo.
Muchos trabajan en condiciones precarias, viviendo en ranchos improvisados entre el barro, sin acceso adecuado a agua potable, servicios básicos o atención médica. También se reportan problemas de alcoholismo, drogas, violencia y presencia de grupos ligados al control ilegal de la extracción.
Habitantes de la zona afirman que el dinero fácil generado alrededor del oro transformó la dinámica social de Crucitas, aumentando la inseguridad y la tensión entre vecinos, coligalleros y autoridades.
Denuncias de corrupción y “mordidas”
Otro de los aspectos más delicados son las constantes denuncias sobre supuestos pagos ilegales o “mordidas” para permitir el ingreso, permanencia o traslado de material extraído.

Aunque las autoridades han realizado operativos, decomisos y detenciones en la zona, vecinos y coligalleros aseguran que la minería ilegal continúa activa prácticamente todos los días.
Las acusaciones sobre posibles actos de corrupción han circulado durante años y forman parte de la desconfianza que existe hacia la capacidad del Estado para controlar lo que sucede en Crucitas.
El abandono de una zona olvidada
Para muchos habitantes, la situación actual es consecuencia directa del abandono histórico que enfrenta la zona norte del país. La falta de empleo, oportunidades y desarrollo económico empujó a numerosas personas hacia la minería ilegal como única alternativa de subsistencia.
Mientras tanto, el debate sobre qué hacer con Crucitas sigue abierto. Algunos sectores exigen mano dura y cierre total de la actividad ilegal, mientras otros consideran que el Estado debe buscar soluciones integrales que contemplen empleo, desarrollo y recuperación ambiental.
Hoy, las propias publicaciones de coligalleros en redes sociales terminan exponiendo una realidad que Costa Rica conoce desde hace años: una tierra rica en oro, pero marcada por el conflicto, la pobreza y la destrucción ambiental.

