Laura Fernández inicia gobierno con discurso de choque, ataques al sistema y sello chavista

La presidenta Laura Fernández Delgado arrancó su mandato con un discurso encendido, confrontativo y cargado de críticas hacia las instituciones públicas, el Poder Judicial y la vieja clase política, en una intervención que recordó en varios momentos el estilo directo, desafiante y hasta mordaz del exmandatario Rodrigo Chaves Robles.  

Desde el inicio, Fernández dejó claro que su administración no buscará marcar distancia con el chavismo, sino consolidarlo. “Soy la heredera de ese cambio. Y lo digo sin titubeos”, afirmó frente a diputados, magistrados y líderes internacionales, reforzando la continuidad política del proyecto iniciado hace cuatro años.  

La nueva presidenta sostuvo que “Costa Rica abrió los ojos” y describió a la ciudadanía como “un pueblo que no come cuento”, frase que evocó el discurso antisistema utilizado repetidamente por Chaves durante su gobierno.  

Pero el tono subió aún más cuando dirigió fuertes críticas a sectores institucionales y judiciales. Fernández afirmó que el país no puede seguir tolerando instituciones “penetradas por el crimen” y lanzó una de las frases más duras de la ceremonia al advertir que una megacárcel y nuevos centros de vigilancia “no servirán de nada si los jueces siguen soltando delincuentes peligrosos y si las leyes los protegen con la cultura del pobrecito”.  

El mensaje fue interpretado como un claro cuestionamiento al Poder Judicial y al sistema penal costarricense, en una línea muy parecida a las constantes críticas de Chaves hacia jueces, fiscales y diputados.

Fernández también arremetió contra el aparato estatal al señalar que Costa Rica no puede continuar con “335 instituciones que perdieron el norte y se convirtieron en fines en sí mismas”.  

La mandataria prometió impulsar una profunda transformación institucional y habló incluso de construir una “Tercera República”, concepto que utilizó para defender cambios estructurales en el funcionamiento del Estado. Aunque aseguró respetar la división de poderes, insistió en que cada institución deberá “darle cuentas al pueblo por sus acciones y omisiones”.  

En materia de infraestructura y desarrollo, defendió proyectos emblemáticos de la pasada administración y acusó de “mezquindad” a quienes frenaron el tren rápido de pasajeros. También prometió avanzar con la carretera a San Carlos, la Ruta 32, Barranca-Limonal y Ciudad Gobierno.  

El discurso mantuvo un tono de campaña política durante buena parte de la ceremonia. Fernández advirtió que quienes creen que podrán “recuperar privilegios o reinstalar viejas prácticas” están equivocados, asegurando que su gobierno no dará “ni un paso atrás”.  

La presidenta además insistió en eliminar pensiones de lujo, flexibilizar jornadas laborales y combatir con mayor dureza el narcotráfico y la inseguridad. “No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado”, aseguró.  

Con referencias constantes al esfuerzo personal, a Dios y a sus raíces de clase media puntarenense, Fernández buscó proyectarse como una figura cercana al pueblo y distante de las élites tradicionales. Sin embargo, el tono desafiante y confrontativo dominó gran parte de su primera intervención presidencial.

El cierre del discurso terminó de sellar el mensaje político del nuevo gobierno: continuidad total con el estilo chavista, mano dura, confrontación con sectores institucionales y una narrativa de lucha contra “los privilegios” y “los de siempre”.

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