Las críticas del pianista, escritor y exdiplomático Jacques Sagot contra la presidenta Laura Fernández generaron reacciones encontradas en redes sociales, donde varios usuarios calificaron sus expresiones como ofensivas, irrespetuosas y, para algunos, con un marcado tono misógino.
La controversia surgió a raíz de una columna publicada por Sagot, en la que cuestiona la capacidad de la mandataria para redactar y leer. En el texto afirma que la presidenta “no sabe redactar”, que “no sabe leer” y que “a lo sumo, deletrea y silabea”. También sostiene que los discursos presidenciales serían elaborados por terceros y no por ella.
Entre las frases que más rechazo provocaron figuran expresiones como que Fernández “tampoco sabe escribir”, que debería “desempolvar su Paco y Lola” para aprender a leer, y referencias despectivas en las que la llama “muñequita de ventrílocuo”. Para sus críticos, ese lenguaje rebasa la crítica política y recurre a la burla personal.
Tras la publicación, usuarios en distintas plataformas manifestaron su desacuerdo con el tono empleado por Sagot. Algunos consideran que, aunque la crítica a la gestión gubernamental es válida, ridiculizar la forma de hablar de una mujer o cuestionar su capacidad intelectual con insultos personales afecta el debate democrático.
Otros comentarios calificaron las expresiones como un acto de misoginia, al considerar que reproducen estereotipos y buscan desacreditar a la mandataria por su condición de mujer, en lugar de centrarse en sus decisiones de gobierno. También hubo quienes señalaron que el tono resulta incompatible con la trayectoria académica y cultural del autor.
No obstante, hubo personas que defendieron el derecho del columnista a expresar opiniones críticas sobre la gestión presidencial, argumentando que sus afirmaciones forman parte de la libertad de expresión y del debate político.
La discusión ha reabierto el debate sobre los límites entre la sátira, la crítica política y el respeto hacia quienes ejercen cargos públicos, así como sobre el uso de descalificaciones personales en el discurso público.
Por Jacques Sagot, pianista, escritor, columnista y ex diplomático costarricense.
En este mismo periódico y espacio interpelé, hace dos semanas, a Laura Fernández.
Le pedí una respuesta a las denuncias que formulé, señalando varios focos de podredumbre en su incipiente mandato. No me complació. No me respondió. En su lugar, instruyó a uno de sus vasallos —Pilar Cisneros— para que lo hiciera. En este colegiado arrumaco contribuyó su esposo, echado de La Nación por escribir columnas sobre zonchos y zopilotes que él encontraba ingeniosísimas, divertidísimas, agudísimas: esa tragedia que consiste en suponerse uno más inteligente de lo que es.
¿Cómo sé que el texto no fue elaborado por la señora Fernández? Por una razón simple e irreductible como una gota de agua: la señora Fernández no sabe redactar, y la nota que sus sirvientes me dirigieron estaba pasablemente redactada. No sabe redactar, nuestra presidenta, no. Sabe, a lo sumo, deletrear, silabear. Todos esos discursos que lee son confeccionados por escribidores a sueldo, o ad honorem, ghost writers escritores fantasmas. ¡Qué cosa tan triste, tan indigna, tan arrastrada, tener que escribir discursetes para que otros los firmen y pronuncien con tono trepidante y grandilocuente!
De hecho, la señora Fernández tampoco sabe leer. De nuevo: deletrea y silabea, pero en torno a ese nivel del idioma llamado “elementos suprasegmentales del lenguaje” dicción, puntuación, énfasis, pausas, acelerar, lentificar, modulación de los fortísimos a los pianísimos, gestualidad, ella no sabe nada de nada, sobre nada de nada.
Más aún: ni siquiera sabe conjugar: constantemente está desplazando la letra “N”: “SiénteseN”, “ApúreseN”, “ConcéntreseN”… Algo sacado de Paso del Chancho de Chirraca de las Torrejas… sin el encantador folclorismo y autenticidad de los pobladores de este barrio. Así que la señora no sabe leer, y tampoco sabe escribir. Mucho bien le haría desempolvar su Paco y Lola, y comenzar a deletrear: “Mi ma-má a-ma-sa la ma-sa”, ustedes saben: despacito y con buena letra.
Realmente, no hace falta ser Sherlock Holmes para advertir que el textito de marras no fue redactado por Fernández. Lo que es más: hasta el ingenuo doctor Watson lo habría percibido. Para infortunio de la presidenta, existe eso que se llama “estilemas” traits de style, rasgos de estilo que nos permiten sentir de inmediato sin saber su autoría si un párrafo es de García Márquez, de Kafka o de Chateaubriand. El mamarracho con que los escribidores de Fernández pretendieron contestarme está lleno de los estilemas propios de sus verdaderos autores.
¡Todo cuanto esta señora propone resulta tan mal pensado, tan torpemente formulado, tan peligroso en su aplicación como pragmata social! La Ley Gerson Rosales, bautizada en honor al policía asesinado en el cumplimiento de su deber, pretende que la respuesta armada de todo funcionario policial deba considerarse legítima defensa… ¡en todos los casos y circunstancias imaginables! Esto está a un paso de transformar nuestra policía que es, por definición, civil, no represiva en un cuerpo armado con sus nalgas bien aposentadas sobre las nociones del bien y del mal: pueden disparar y asesinar cuando les dé la gana, en el momento en que les dé la gana y de la manera en que les dé la gana. Estamos hablando de una disposición propia de un Estado fascista, o en proceso de convertirse en tal. Estamos hablando de un ciudadano completamente inerme ante los abusos de gorilas con pistolas y bacanas. Estamos hablando de quedar a merced de la bioquímica neuronal de un montón de señores y señoras dotados, cual paganas deidades, del poder de disponer de la vida de los demás.
Amigos, amigas: como pocos estoy consciente del horror que representa la inseguridad ciudadana, de la necesidad de generar un clima de paz en nuestras ciudades y campos.
He seguido, sufrido y bajado al fondo del dolor con varias de las víctimas del crimen en años recientes tengo entre ellas amigos y parientes. ¡Pero esta no era la forma de proceder! Será así como un día cualquiera un policía que olvidó esa mañana tomar su antidepresivo o su antipsicótico desenfunde al estilo del Far West y nos llene de boquetes, sin que nuestros seres queridos puedan siquiera chistar. No, no, no… esta no era la manera… ¡Pssst, poneros a jugar a “policías y ladrones” a estas alturas o a estas bajuras de la vida!
Es una medida que apunta como tantas cosas que Chaves y su muñequita de ventrílocuo están implementando hacia un Estado dictatorial, represivo, fanfarrón, totalitario, matón y rápido para mostrarnos el pestífero hocico de sus humeantes pistolitas… ¡cielo santo: es la fantasía por excelencia de tantos sociópatas! ¿Por qué Fernández no optó por contratar los servicios de Harry el Sucio, Peter Gunn, Dick Tracy, Columbo o Terminator? En su mundo de fantasía, en esa cabecita que flota en la neblina del puer aeternus, todas estas opciones eran viables. En fin…

