Piñas amargas: muerte y explotación laboral en las plantaciones de la zona norte

Por Redacción

Bajo un sol inclemente que supera los 35 grados y envueltos en una nube invisible pero letal de plaguicidas, miles de trabajadores migrantes —en su mayoría nicaragüenses— sostienen una de las industrias agroexportadoras más prósperas de Costa Rica: la piñera. Sin embargo, detrás de las millonarias cifras de exportación, se esconde una red de explotación, informalidad y desprotección laboral en los cantones fronterizos de la Zona Norte.

El caso más desgarrador es el de Iván Taleno Solís, un agricultor de 35 años originario de Guapinol, en El Castillo de Río San Juan, Nicaragua. Como miles de sus compatriotas, Iván cruzó la frontera empujado por la falta de empleo en su país, buscando en las plantaciones de Los Chiles el sustento para su familia. No regresó con ahorros; su regreso a la tierra natal será para recibir el último adiós en un ataúd.

La tragedia en Los Chiles: «No pudo con el cansancio»

Era pasada la 1:40 de la tarde en una finca piñera del sector de Los Chiles cuando Iván colapsó en medio de las hileras de fruta. Sus compañeros de cuadrilla presenciaron el momento exacto en que sus fuerzas se agotaron tras una extenuante jornada.

No pudo con el cansancio, lo vimos caer», relató uno de los trabajadores tras la tragedia.

Las circunstancias exactas de la muerte de Taleno Solís siguen bajo investigación. Mientras sus compañeros apuntan a un colapso por extenuación y deshidratación tras horas de labor bajo condiciones extremas, no se descarta una posible mordedura de serpiente u otro animal ponzoñoso dentro del piñal.

Su historia refleja la de Tatiana Toruño, otra migrante de Nueva Guinea que viaja hasta dos veces al año a Los Chiles: «Es un trabajo duro, pero uno va allá porque no hay empleos en Nicaragua. La gente hace jornadas extensas y horas extra para llevar algo de dinero».

La muerte de Iván sacó a la luz pública las dinámicas de precarización que operan en empresas fincas de la región.

En estas plantaciones, la violación a las leyes laborales costarricenses, por la subcontratación de empresas externas”contratistas”, es una práctica extendida para abaratar costos de producción a costa de la dignidad humana:

 Jornadas de más de 12 horas: Los jornaleros son sometidos a extensas horas de campo bajo el sol directo o lluvias intensas. En lo que va del año, al menos tres personas han muerto electrocutadas por rayos en la región al ser obligadas a continuar la corta en plena rayería.

 Salarios de miseria sin comprobante: Se cancelan montos por debajo del salario mínimo legal, a menudo en efectivo o mediante intermediarios que descuentan comisiones abusivas.

 Evasión de cargas sociales y derechos básicos: La gran mayoría de peones trabaja sin seguro social de la CCSS, sin derecho a vacaciones ni al pago de aguinaldo. Al finalizar la temporada de corta, son despedidos sin el pago de la liquidación correspondiente.

 Ambiente insalubre y riesgoso: Sin acceso a agua potable para hidratación en los bloques de trabajo, sin servicios sanitarios en las fincas y laborando sin equipo de protección personal ante agroquímicos y herramientas filosas.

 Trabajo infantil y persecución: Inspecciones del Ministerio de Trabajo han detectado menores de edad en labores de alto riesgo, así como despidos automáticos para cualquier trabajador que intente organizarse en sindicatos.

Un caso reciente de lucha social se dio en la empresa “Piña Cultivadas de Costa Rica” donde un grupo de trabajadores nicaragüenses se declararon en huelga y exigieron el pago de su liquidación que les adeudaba el contratista. Al final se llegó a un acuerdo con la empresa y a los trabajadores se les pagó lo correspondiente.

«Llevamos el químico en el cuerpo»: Un desgaste irreversible

El impacto del modelo piñero destruye la salud de las peonadas agrícolas de forma acelerada. A diferencia de otras actividades agrícolas, la piña expone directamente al ser humano a un cóctel de agroquímicos y agentes irritantes.

Un representante de los trabajadores con experiencia previa en la industria bananera resumió la crudeza de esta labor

“Le voy a ser honesto: yo fui bananero también y es muy duro, pero el trabajo en piñeras es realmente duro. El químico de la piña nos perjudica más a nosotros; en el banano se riega el químico sea por aire o por tierra y si cae en las hojas casi no tiene contacto con las personas, pero en el caso de la piña se le riega el químico y nosotros lo llevamos en el cuerpo. La piña, además, suelta un polvo que se mete en la nariz y hace mucho daño. Hoy en día llega gente nueva que tiene dos o tres años de trabajar y ya aparecen con enfermedades».

Matriz de Impacto: Salud y Medio Ambiente

El siguiente cuadro sintetiza los factores de riesgo identificados por el Ministerio de Salud, la Defensoría de los Habitantes y el Ministerio de Trabajo, así como sus secuelas directas en los peones y en los caseríos colindantes:

Impunidad que clama por justicia

Los estragos de la piña no se detienen en las cercas de las fincas. En la Zona Norte y el Caribe costarricense, las empresas que operan cerca de zonas de protección acuífera mantienen en constante riesgo el agua de consumo humano, provocando brotes de alergias y problemas respiratorios en la población infantil de los poblados colindantes.

Mientras la familia de Iván Taleno realiza los trámites para repatriation su cuerpo a Nicaragua, el caso pone nuevamente a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades laborales y judiciales costarricenses. La piña sigue siendo uno de los productos estrella de la canasta exportadora nacional, pero en los piñales de la frontera norte, el precio real de cada fruta se paga con la salud, la dignidad y las vidas de la mano de obra migrante.