Stella Chinchilla Mora denuncia hostigamiento mediático y reafirma la visibilidad pública como su principal mecanismo de protección

SAN JOSÉ — La activista y comunicadora Stella Chinchilla Mora emitió un firme pronunciamiento en sus redes sociales para denunciar lo que califica como una campaña sistemática de persecución, desacreditación y censura digital orquestada por sectores vinculados al poder político.

En su mensaje, Chinchilla señaló que el constante acoso que enfrenta responde a una estrategia deliberada para desviar la atención pública de desaciertos y desacuerdos gubernamentales. Según la activista, la instrumentalización de medios digitales y el uso de denuncias masivas en redes sociales buscan minar su alcance e intimidar a las voces críticas en el país.

Exposición pública como estrategia de resguardo

A diferencia de los objetivos de desgaste que buscan sus detractores, Chinchilla argumenta que la hipervisibilidad mediática se ha convertido en su mayor salvaguarda. Explicó que el aumento de la atención sobre su caso no solo fortalece su red de apoyo ciudadano, sino que expone abiertamente cualquier intento de amedrentamiento en su contra.

Entre los puntos clave expuestos en su manifiesto destacan:

 Efecto bumerán de la visibilidad: La insistencia en convertir sus publicaciones en foco de discusión pública ha multiplicado las muestras de solidaridad y la vigilancia de la ciudadanía a su favor.

 Denuncias y censura digital: Reveló que durante las últimas semanas sus perfiles en plataformas digitales han sido objeto de denuncias coordinadas para restringir su alcance mediante algoritmos.

 Respaldo en la institucionalidad: Manifestó su confianza en la independencia del Poder Judicial costarricense como un freno institucional ante posibles denuncias fabricadas o querellas infundadas.

 Filtración y transparencia desde el Estado: Aseguró que la información sobre presuntas irregularidades internas continúa saliendo a la luz gracias a funcionarios públicos comprometidos con la ética e independientes del poder ejecutivo.

Chinchilla concluyó enfatizando que el ambiente de hostilidad e intimidación no se limita únicamente a su persona, sino que afecta a periodistas, creadores de contenido, artistas y activistas que cuestionan la gestión pública, reafirmando que no detendrá su labor de denuncia.

Texto íntegro de Stella Chinchilla Mora

Contarlo como protección

Stella Chinchilla Mora

Como se los vengo diciendo: desde la casa de la venganza y los vicios ha salido, una vez más, la orden de callarme.

Ya no lo hacen de una forma tan burda como con aquel montaje del supuesto intento de homicidio. Han probado otras vías, otros métodos, otras formas de desgaste. Ustedes mismos las han visto.

Hoy vuelve el ataque mediático.

Están los medios lacayos y están los medios troles: esos que se presentan como prensa, pero funcionan como una granja de troles con esteroides. Cualquier cosa que escriba en mis redes se convierte inmediatamente en “noticia”. Digo que estoy harta de la violencia y, de pronto, resulta ser el notición de la semana. Titular, interpretación, escándalo y ruido. Todos los medios lacayos publicando al unísono.

¿Y por qué precisamente ahora?

Porque mientras me ponen a mí en el centro de la conversación, otras pifias políticas bastante más incómodas desaparecen convenientemente del foco.

Así funciona desde que decidieron convertirme en blanco de sus violencias “misógenas”. Sí, “misógenas”. Torres, Cerdas, Inka y compañía: se escribe misóginas. Y eso que por ahí también tenemos ministra matemática y filóloga que lo dice mal y la corrigen mal.

Esta nota es para explicarles a quienes me leen por qué últimamente estoy viviendo en semejante “fama”.

Hay una cosa que todavía no entienden: entre más visible me hacen, más personas conocen lo que ocurre. Entre más exposición me provocan, mayor es mi red de apoyo y también mi protección.

Durante las últimas dos semanas se han dedicado a denunciar mis perfiles en redes sociales. Han logrado que los algoritmos reduzcan mi alcance y mi visibilidad.

¿Resultado?

Aquí sigo.

Y se los vuelvo a decir: no me van a callar.

Tampoco me van a ver en una cárcel simplemente porque alguien fabrique una denuncia. Costa Rica todavía tiene un Poder Judicial independiente. No perfecto, no infalible, pero independiente. Y esa diferencia resulta fundamental cuando se pretende utilizar la denuncia, la intimidación y el miedo como herramientas para perseguir adversarios.

Y esto no se trata solamente de mí.

La violencia contra quienes cuestionan al poder aumenta. Comunicadores, personas que hacen videos, quienes escriben, artistas, activistas y ciudadanos comunes que decidieron no quedarse callados.

Nos insultan.

Nos amenazan.

Nos intimidan.

Intentan desgastarnos, aislarnos y hacernos sentir que estamos solos.

Pero cada vez somos más.

Esta es una guerra contra el miedo.

Yo hace tiempo asumí que cualquier cosa puede pasar. Claro que tengo medidas de seguridad. Claro que procuro impedir que cualquiera se me acerque. Y claro que el cariño, la solidaridad y los miles de ojos que están atentos también constituyen una enorme forma de protección.

No me rindo.

No porque sea una heroína, por favor, no me digan así. No porque no tenga miedo. Me da miedo muchas veces.

No me rindo porque hay cosas que, una vez que se saben, ya no se pueden dejar de decir.

Y ya que desde la “inteligencia” del narcoestado parecen preguntarse todos los días cómo sabemos tantas cosas, se los explico gratis:

Costa Rica es un país muy pequeño.

Aquí todo se sabe.

Los pleitos internos, las pifias, las ocurrencias, las contradicciones y las historias que intentan mantener dentro de cuatro paredes terminan saliendo.

No tenemos que perseguir la información. Muchas veces la información nos encuentra.

Nos llega de una, de cien y de mil formas porque también hay funcionarias y funcionarios públicos hartos de lo que están viendo. Personas que conocen el Estado desde adentro y que no están dispuestas a confundir servicio público con obediencia ciega.

Así que pueden denunciar perfiles.

Pueden fabricar titulares.

Pueden poner a sus troles a trabajar horas extra.

Pueden intentar convertir cada frase que escribo en un escándalo.

Lo único que no pueden ordenar es mi silencio.

Por ustedes, por mi familia y por este pedazo de tierra hermoso que nos heredaron.

Seguimos.