Sylvia Ziesing se aleja de las redes sociales en medio de señalamientos de autoexilio y denuncias de amenazas

La activista opositora Sylvia Ziesing, reconocida por sus vehementes críticas hacia el chavismo y los simpatizantes del expresidente Rodrigo Chaves, desactivó sus cuentas en redes sociales. La medida reavivó el debate y las especulaciones sobre su entorno actual.

Ziesing, quien solía emplear un tono confrontativo y adjetivos descalificativos hacia sus adversarios políticos en sus espacios digitales, justificó su salida afirmando haber recibido constantes amenazas. Tras su desconexión, envió un mensaje de tranquilidad a sus seguidores, asegurando que se encuentra a salvo y que detallará sus motivos más adelante.

La retirada digital ocurre semanas después de que la activista informara haber abandonado Costa Rica el 1 de febrero de 2026 —tras emitir su voto en los comicios nacionales— para radicarse en el extranjero bajo la condición de autoexilio y solicitar asilo político. Según su testimonio, tomó la decisión tras denunciar meses de espionaje, seguimientos y llamadas intimidatorias contra ella y su familia.

El trasfondo de su salida coincide con una investigación judicial iniciada en enero de 2026, cuando la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) la vinculó a ella y a otros particulares con un presunto complot para atentar contra la vida del mandatario Rodrigo Chaves. La causa incorporó audios de una reunión privada como elemento probatorio.

Por su parte, Ziesing rechazó de forma categórica las acusaciones, calificándolas como una fabricación y persecución política en su contra. Cabe señalar que las denuncias sobre los seguimientos y la persecución corresponden de momento a su versión de los hechos, sin que hayan sido acreditadas en sede judicial.

Su salida de las redes sociales continúa dividiendo la opinión pública: mientras un sector de sus seguidores expresa consternación por su seguridad, sectores críticos señalan la falta de evidencias públicas y sostienen que la institucionalidad del Estado de derecho costarricense desvirtúa la narrativa de persecución.