En medio de una amarga disputa familiar, el cuerpo de doña Lidia Vargas permanece helado en Patología Forense. Su hijo, Diego Salasllegado desde España, aguarda en la penumbra nocturna exigiendo a su hermana, la exalcaldesa de San Carlos, Karol Salas poner fin a la agonía.
SAN JOAQUÍN DE FLORES, Heredia. Las horas transcurren en medio de una penumbra pesada y un frío que cala hasta los huesos a las afueras de la Sección de Patología Forense del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Allí, en la quietud de la noche de este martes, a las 11:00 p.m., Diego Arturo Salas Vargas no se movía de las afueras del recinto. Su mirada, fija en las puertas de la medicatura forense, reflejaba la desesperación de quien cruzó el Océano Atlántico desde España no para un abrazo, sino para rogar por el derecho de darle a su madre el último adiós.
Ya han transcurrido más de dos semanas desde el último suspiro de doña Lidia Vargas Espinoza, fallecida el pasado 24 de agosto en el Hospital San Carlos. Sin embargo, su cuerpo continúa atrapado en la fría custodia de la morgue, en medio de una cruenta y dolorosa fractura familiar que enfrenta a la exalcaldesa de San Carlos, Karol Salas Vargas, con varios de sus propios hermanos.
Apostado en la acera y embargado por el dolor, Diego Salas lanzó un desgarrador y rotundo llamado a la exjerarca, exhortándola a reclamar el cadáver si verdaderamente la amaba y a permitir que su progenitora reciba la debida sepultura: «Que deje a nuestra madre descansar en paz».
Entre estrados judiciales y la impotencia familiar
El conflicto, que escaló hasta los tribunales tras la falta de consenso sobre el destino de los restos, mantiene entrampados a cinco hermanos que intentan hacer valer su dolor. Doña Lidia, quien estuvo bajo los cuidados directos de la exalcaldesa en sus últimos meses, terminó en el centro de una batalla legal que condujo sus restos hasta la sede forense en San Joaquín de Flores.
La tensión alcanzó un punto crítico tras un fallo del Juzgado de Familia del II Circuito Judicial de Alajuela, el cual otorgó una ventana de 20 horas a Diego Salas y a sus hermanos para despedirse de su madre y asumir los restos. No obstante, la vía legal dictaminó que la única persona facultada para retirar oficialmente el cuerpo es la exalcaldesa, quien delegó las gestiones en un representante legal mediante un poder.
Pese a que la representación legal acudió a realizar trámites del acta de defunción, las desavenencias y las dudas sobre supuestas inconsistencias en el proceso paralizaron nuevamente el trámite el lunes y el martes, dejando a los hermanos en un abismo de incertidumbre y sin comunicación efectiva con la exjerarca.
Versiones encontradas en medio del duelo
Mientras los hermanos insisten en que se mantendrán firmes en el país el tiempo que sea necesario para defender sus derechos legales y rendir homenaje a doña Lidia, la exalcaldesa ha defendido sus acciones públicamente. A través de pronunciamientos en redes sociales, Karol Salas sostuvo que actuó bajo el marco de la última voluntad —tanto escrita como verbal— dejada por su madre en vida.
La exjerarca denunció que el estado de salud y el posterior deceso de su madre han sido instrumentalizados por terceros con fines particulares, derivando en ataques, difamaciones y un clima de hostilidad contra su entorno cercano. Aseguró que asumió la atención de doña Lidia en estricta privacidad con el apoyo de su esposo, hijos y tres hermanos, y reafirmó su postura de velar por el mandato que le dejó su progenitora.
Entretanto, las puertas de la morgue continúan cerradas para una familia rota. Las horas siguen corriendo y la incertidumbre sofoca a una estirpe dividida, mientras el cuerpo de doña Lidia Vargas continúa aguardando el descanso eterno que, entre trámites y reproches, parece no llegar.
