Tico ligado a caso “Shark” junto sancarleños a un paso de ser extraditado

De empresario discreto en Ciudad Colón a uno de los narcos más buscados del Pacífico

Alexi Meléndez León, el último de los «Siete Tiburones» que quedaba libre, espera en una celda costarricense la decisión final sobre su extradición a Estados Unidos


Ciudad Colón lo conocía como un empresario tranquilo. Un hombre de 57 años, de acento colombiano suave, que llegaba y salía de su casa sin llamar la atención. Regentaba negocios agropecuarios en la Zona Norte, representaba casas extranjeras, hacía inversiones. Nada que despertara sospechas.

La DEA, en cambio, lo conocía por otros nombres: «Volvo», «Comando». Y por otra actividad: coordinar, junto a seis hombres más repartidos por el continente, el paso de toneladas de cocaína desde Colombia hacia Centroamérica y Estados Unidos por el océano Pacífico.

Meléndez León era uno de los «Siete Tiburones del Pacífico», la élite logística del Clan del Golfo. No eran intermediarios: eran los jefes directos de las células que movían la droga y lavaban el dinero de una de las estructuras criminales más grandes del mundo. Su captura en Costa Rica, hace meses, sacudió los tableros de la inteligencia regional. Era el último de los siete originales que seguía en libertad.

Hoy, ese hombre espera en una celda costarricense mientras la justicia define su futuro.

El camino hacia la extradición

El Tribunal Penal de Pavas aprobó en primera instancia su entrega a Texas, donde se le acusa de narcotráfico internacional. La luz verde judicial llegó el 4 de junio. Pero la defensa apeló, y ahora el Tribunal de Apelaciones de Goicoechea tiene la última palabra.

La DEA lo había solicitado desde el 20 de enero. Para entonces, ya estaba detenido por una investigación local de lavado de dinero que el OIJ y la Fiscalía bautizaron como caso Shark y que se destapó en setiembre del 2024.

Cómo llegó hasta aquí

Meléndez nació en Miranda, Valle del Cauca, Colombia. Llegó a Costa Rica con un plan: expandir sus negocios y echar raíces. En 2006 se casó con una costarricense y obtuvo la nacionalidad por naturalización. La pareja se divorció en 2012, pero el matrimonio ya había cumplido su función: le dio ciudadanía y, con ella, un escudo. En aquel entonces no existía la extradición de costarricenses.

En 2007 fundó su primera sociedad anónima. Durante casi dos décadas construyó una fachada impecable: representación de firmas extranjeras, inversiones, actividades agropecuarias en la Zona Norte. Todo servía para camuflar el movimiento de capitales y la cocaína que salía de Colombia.

Mientras tanto, en Ciudad Colón, sus vecinos no sospechaban nada. Un empresario discreto, decían. Eso le permitió moverse bajo el radar durante años, hasta que la DEA y el OIJ armaron el rompecabezas y lo ubicaron en el centro de la estructura.

Lo que hacía

Como uno de los Siete Tiburones, su trabajo era asegurar que la droga llegara a su destino. Coordinar rutas, proteger cargamentos, mover dinero. No era un peón: era un jefe de células logísticas y financieras del Clan del Golfo.

El impacto de su arresto fue internacional. Los informes de inteligencia de la DEA y las autoridades colombianas coincidían: con Meléndez León caía el último de los siete miembros originales del grupo que aún permanecía prófugo.

Ahora, Costa Rica decide si lo entrega. Y él, mientras tanto, espera.

Información de CRHoy