Contradicción: Presidenta alega estar «ocupada» para ir a la ONU, pero viaja a Colombia mientras destituye a Canciller

La mandataria justificó la destitución del canciller por no informarle de una reunión con Trump en Nueva York, pero las dudas crecen sobre los motivos reales y el papel del ministro Rodrigo Chaves

San José — La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, enfrenta un creciente cuestionamiento público tras la fulminante destitución del canciller Manuel Tovar, ocurrida este jueves en medio de las reuniones bilaterales de la Asamblea General de Naciones Unidas. La versión oficial —un supuesto «daño de carácter estratégico» por no informarle de una reunión convocada por Donald Trump— choca con una serie de contradicciones que dejan más preguntas que respuestas.

El despido que nadie vio venir

Tovar, considerado uno de los cuadros más sofisticados del oficialismo y elegido del expresidente Rodrigo Chaves, se enteró por teléfono de que su gestión como canciller había terminado. Ni siquiera pudo leer el discurso que había preparado con su sello personal ante la Asamblea General de la ONU: ese texto, que incluía una defensa de Israel, críticas a Cuba y Nicaragua, mensajes de cercanía con Ucrania y un espaldarazo a la candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan para dirigir la ONU, quedó sin pronunciar.

La justificación presidencial fue contundente: Tovar habría incurrido en «negligencia» al no informarle que Trump había convocado una reunión de mandatarios para el martes 22 en Nueva York, en el marco del «Escudo de las Américas». Fernández había decidido no asistir a la ONU porque, según dijo, estaría «ocupada en otras cosas».

La versión que no cuadra

Sin embargo, los hechos conocidos hasta ahora desmienten esa narrativa:

  1. Tovar sí anunció la reunión públicamente. Desde el viernes 18 de septiembre, el entonces canciller había comentado en entrevistas con medios estadounidenses, incluido el Miami Herald, la existencia del encuentro con Trump. Es difícil sostener que Presidencia no tuviera conocimiento de una información que circulaba abiertamente en la prensa internacional.
  2. Fernández estaba en Colombia, no en Nueva York. La mandataria viajó a Colombia el martes por la noche —mientras Tovar representaba a Costa Rica en la reunión del «Escudo de las Américas» en Nueva York— para una visita oficial calificada de «urgente» por razones que nunca se explicaron. Se reunió con el presidente Abelardo de la Espriella, aliado de Trump que tampoco asistió a la ONU. No se informaron acuerdos concretos ni actividades adicionales en dos jornadas completas.
  3. Tovar tenía una agenda relevante en Estados Unidos. Su viaje comenzó en Washington, donde se reunió con el secretario de Estado, Marco Rubio. «Me reuní con el canciller de Costa Rica para abordar nuestra asociación económica y la estrecha cooperación frente al narcoterrorismo», escribió Rubio en X. También sostuvo encuentros con congresistas republicanos y organizaciones pro-Israel. Nada de esto pareció generar alerta alguna hasta 40 horas después del encuentro con Trump.

El rol de Rodrigo Chaves y las preguntas sin responder

El papel del ministro de la Presidencia, Rodrigo Chaves —quien debía informar a la mandataria sobre la reunión— queda en la penumbra. ¿Sabía Chaves de la convocatoria? ¿Por qué no alertó a Fernández? ¿O fue precisamente la cercanía de Tovar con Chaves lo que detonó su salida?

Las preguntas se acumulan:

· ¿Cuándo recibió Cancillería la invitación oficial y si había tiempo para que Fernández cancelara la gira a Colombia y viajara a Nueva York?
· ¿Existían diferencias previas entre Fernández, Chaves y Tovar sobre temas clave como Nicaragua?
· ¿Qué pasa con la candidatura de Grynspan, que Tovar pretendía impulsar desde la ONU?
· ¿Quién asumirá la Cancillería con un perfil que dé credibilidad internacional en tiempos de alta incertidumbre?

La vitrina internacional

El episodio expone una preocupante descoordinación entre Cancillería y Presidencia, así como serias dudas sobre la comunicación entre la Embajada de Estados Unidos y el Gobierno central. También deja al descubierto las tensiones internas del oficialismo «de continuidad», donde lealtad y sintonía con el poder central parecen pesar más que la idoneidad diplomática.

Tovar, por su parte, optó por el silencio. Al mediodía del jueves evitó referirse a los motivos de su destitución y dejó sin contestar preguntas esenciales: ¿cuánto margen de maniobra tenía realmente? ¿Quién tomó la decisión de fondo?

Lo que queda claro es que la contradicción entre el discurso de «estar ocupada» para ir a la ONU y el viaje urgente a Colombia, sumada a la destitución de un canciller respetado y con agenda propia, deja al Gobierno de Fernández en una posición incómoda frente a la comunidad internacional. La pregunta ya no es solo quién dirigirá la Cancillería, sino qué tipo de política exterior quiere proyectar Costa Rica en un momento de alta tensión geopolítica.