Don Marcos Calderón Artavia, de 75 años, murió mientras reponía una viga peatonal en Las Amapolas de Guatuso. La comunidad pide que el puente que él soñó lleve su nombre.
En Las Amapolas, Guatuso, el río La Muerte no es solo un nombre. Es una advertencia. Cada vez que llueve fuerte, la creciente se lleva vigas, troncos, pasos. Y cada vez, don Marcos Calderón Artavia —a quien todos conocían como “Zacatillo”— estaba ahí, buscando cómo volver a unir las orillas. Tenía 75 años y una terquedad luminosa: que nadie más tuviera que arriesgar la vida para cruzar.

Este fin de semana, esa terquedad lo llevó de nuevo al cauce. La creciente había arrastrado la viga del paso peatonal. A las 8 a.m., don Marcos llegó a la casa de un vecino y amigo. Le pidió ayuda para instalar una nueva viga. Le dijo que se adelantaba al sitio para cortar un cable y acomodarlo sobre el tronco. Le pidió apurarse: esperaba la visita de un nieto y quería volver temprano a su casa.
El amigo llegó después. No lo encontró. Pensó que don Marcos se había devuelto. También se retiró. Pero la tarde pasó y don Marcos no apareció. La noche cayó sobre Las Amapolas y la preocupación se volvió alarma. Ya no había noticias. A la mañana siguiente, familiares y vecinos se organizaron, llamaron al 911 y caminaron hacia el sector del río donde iban a colocar la viga.
La búsqueda tuvo el apoyo de un oficial de la Fuerza Pública y de miembros de la comunidad. Se hizo una inmersión en el Río La Muerte. En el fondo del cauce encontraron el cuerpo de don Marcos. Presentaba un fuerte golpe en el costado y en el rostro.
Su hermano, Carlos Calderón, relató que una persona de la comunidad vio a don Marcos por última vez trabajando en esa viga. Al parecer, resbaló, se golpeó la cabeza contra la estructura y se ahogó. El río, que tantas veces lo vio ayudar a otros, esta vez lo retuvo.
José Hernández, vecino y amigo, lo recordó con el cariño de quien pierde a un pilar de la comunidad. “Él se preocupaba siempre por los vecinos que pasaban y corrían peligro… y esta vez, por cosas del destino, le tocó a él”, dijo. Don Marcos no solo ayudaba a cruzar. Luchó durante años por la construcción de un puente en ese sector. Su propia finca quedaba al otro lado del río, pero su insistencia no era solo por él: era por los vecinos, por los niños, por los que pasaban a caballo, por los que no tenían otra ruta.
Don Fernando Barrantes, de Las Amapolas, recordó que hace unos años, en una llena, un padre y sus hijos murieron ahogados cuando intentaban pasar a caballo por este mismo paso. La historia dolía. Por eso don Marcos insistía. Por eso se mojaba las manos una y otra vez. Por eso, ahora, la comunidad pide a las autoridades que agilicen la construcción del puente por el que él trabajó toda la vida. Y que lleve su nombre: Don Marcos Calderón Artavia.
El río La Muerte se quedó con don Marcos. La comunidad quiere que, al menos, el puente les devuelva su nombre y les permita cruzar sin miedo. Porque don Marcos ayudó a miles a pasar. Y su último esfuerzo fue para que otros pudieran hacerlo sin riesgo.
Con información de de Guatuso 24/7
