La mañana del domingo 27 de setiembre de 2026 quedará grabada en la memoria de La Palmera de San Carlos. A las 11:06 a. m., sobre la Ruta 4, frente a la entrada de Villa María, dos motocicletas colisionaron con una violencia que estremeció a quienes presenciaron la escena. El estruendo, los cuerpos proyectados sobre el asfalto y el silencio posterior lo dijeron todo: la tragedia había vuelto a cobrar vidas en la Zona Norte.
Zaida Olivar Pérez murió en el lugar. Adrián Bonilla Bonilla, vecino de Cariari de Guápiles, luchó por su vida. Fue trasladado en condición crítica a la clínica de Aguas Zarcas, luego al Hospital San Carlos y de ahí al Hospital Calderón Guardia. Horas después, familiares confirmaron lo que nadie quería escuchar: Adrián también había fallecido. Dos almas que salieron ese domingo a rodar, como tantas otras veces, y que no volvieron a casa.
Otra persona, de apellido Argüello, permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos, aferrándose a la vida. La escena quedó registrada por cámaras de seguridad que captaron el instante exacto del impacto. Imágenes que ningún familiar debería tener que ver.
La Zona Norte: donde la moto es vida y muerte
San Carlos no es un cantón cualquiera. Es el territorio más extenso del país, con una red de caminos rurales que conectan decenas de distritos donde la motocicleta no es un lujo: es el medio de transporte para ir al trabajo, hacer mandados, llevar a los hijos a la escuela. Pero eseertes mismo vehículo que da movilidad se ha convertido en la principal causa de muerte violenta de la región.
Las cifras son escalofriantes por accidentantes. Durante 2025, San Carlos registró 39 muertes por accidentes de tránsito, la segunda cifra más alta de todo Costa Rica, solo superada por el cantón central de San José con 50 víctimas. De esas 39 muertes, los motociclistas concentraron el 46%, siendo el grupo máses de golpeado.
En toda la Zona Norte, que abarca cantones como San Carlos, Los Chiles, Upala, Guatuso y Pococí, se registraron 185 decesos de motociclistas durante un periodo analizado, lo que representa aproximadamente el 62% de las muertes en carretera de la región, una proporción más alta que el promedio nacional. La precariedad de las vías —carreteras estrechas, tramos sin iluminación, señalización deficiente— combinada con el uso intensivo de motocicletas, crea un cóctel letal.
Y no es solo la muerte. El Seguro Obligatorio Automotor del INS contabilizó 1.398 heridos en motocicleta en San Carlos durante los 12 meses de 2025, con un costo de atención superior a los 2.141 millones de colones. Enero arrancó con 102 lesionados y más de 107 millones en gastos; marzo disparó las alertas con 137 víctimas y facturas de 239 millones; agosto alcanzó el pico con 144 accidentados y 236 millones en costos. Detrás de cada cifra hay un luto, una familia que se quiebra, una discapacidad que marca para siempre.
Un país que llora sobre dos ruedas
La crisis de San Carlos es el reflejo de una epidemia nacional. Durante 2025, Costa Rica alcanzó un récord histórico de 903 mu tránsito, superando incluso las cifras de homicidios en el mismo periodo. El COSEVI reportó 572 personas fallecidas en carretera, de las cuales más de la mitad eran motociclistas. Entre enero y noviembre de ese año, 234 conductores de motocicleta y 16 pasajeros perdieron la vida, representando el 49% del total de muertes en vía pública.
Y lo más doloroso: seis de cada diez motociclistas fallecidos en el sitio del accidente no contaban con licencia de conducir. Según la Policía de Tránsito, durante 2025, de un total de 286 motociclistas fallecidos, 167 no tenían licencia. El perfil de las víctimas es claro: en su mayoría hombres entre 18 y 37 años, solteros, que no usaban casco o carecían de formación vial.
El Hospital del Trauma del INS atiende a cerca del 60% de sus pacientes internados por accidentes de motocicleta. Las lesiones más frecuentes incluyen fracturas en clavícula, mano, muñeca, tobillo y pierna, pero los casos más severos conllevan quemaduras por fricción con el asfalto y traumas craneales que comprometen la vida. Muchos no mueren, pero quedan marcados para siempre.
Un llamado desesperado a la prevención
Las autoridades lo repiten una y otra vez, pero las cifras siguen subiendo. El INS ha liderado campañas como “Dos Ruedas es Tuanis”, una iniciativa que busca fortalecer la cultura de movilidad segura con ferias interactivas sobre conducción responsable, mecánica básica y equipos de protección personal. También se han desplegado campañas como “No sos de plástico”, “El Chasis SOS Vos” y “Por qué la Velocidad Mata”, dirigidas especialmente a jóvenes motociclistas.
Las recomendaciones son claras y urgentes:
· Revisar la motocicleta antes de cada recorrido: presión de llantas, cable de embrague, frenos.
· Usar siempre el casco y la vestimenta retroreflectiva, incluso para un mandado corto.
· No conducir bajo los efectos del alcohol ni usar el celular al manejar.
· Evitar los carriles centrales a alta velocidad y el carril derecho, donde ocurren más siniestros.
· Hacerse visible en carretera y respetar las señales de tránsito.
“La seguridad en carretera es un esfuerzo en conjunto de nosotros como gremio de motociclistas. No demostremos que somos rápidos en carretera; para eso los invito a un circuito controlado”, expresó Heiner Herrera, piloto de AMA SuperBike, al referirse a la necesidad de adoptar conductas más responsables.
Pero las campañas no bastan. En la Zona Norte, la problemática se agrava por factores estructurales que van más allá de la imprudencia individual: caminos rurales en mal estado, falta de iluminación, presencia de animales sueltos en las vías. Solo en lo que va de 2025, en la Zona Norte se contabilizaron al menos 80 accidentes relacionados con animales sueltos, y tres personas murieron en motocicleta al chocar con ganado que deambula sin control por las vías públicas. Vecinos de Pocosol, Cutris y Aguas Zarcas han denunciado repetidamente la presencia de ganado cerca de rutas nacionales, sin que las autoridades logren resolver el problema.
Zaida y Adrián: no son cifras, son nombres
Zaida Olivar Pérez y Adrián Bonilla Bonilla no son dos números en una estadística. Eran personas con familias, con sueños, con rutinas. Adrián salió ese domingo con su grupo de motorizados, como tantos otros fines de semana, a recorrer las rutas que amaba. Zaida, cuyo nombre hoy resuena en los medios, murió en el lugar donde el destino la alcanzó.
En lo que va de 2026, la tendencia no ha cambiado. Los operativos de tránsito se multiplican en San Carlos, pero las muertes siguen. La pregunta que flota en el aire es incómoda: ¿cuántas Zaidas y cuántos Adrián más tendrán que morir antes de que algo cambie de verdad?
La respuesta no está en una campaña más ni en un operativo más. Está en cada decisión que se toma antes de encender la moto: revisarla, ponerse el casco, no acelerar de más, no manejar después de beber. Está en las autoridades que deben iluminar las rutas, señalizar los caminos, controlar el ganado suelto y ofrecer alternativas reales de transporte seguro en las zonas rurales. Y está en una sociedad que debe dejar de ver la moto como un juguete de velocidad y empezar a verla como lo que es: un vehículo vulnerable en un país donde la muerte viaja sobre dos ruedas.
Desde este medio expresamos nuestras más sinceras condolencias a las familias de Zaida Olivar Pérez y Adrián Bonilla Bonilla. Que la tierra les sea leve, y que su memoria sirva para que otros no tengan que vivir el mismo dolor.
