Por AFP y El Comercio de Perú.

El hallazgo fue realizado en la fosa de Atacama, un enorme hueco en el océano Pacífico que se extiende por 5.900 km desde Ecuador hasta el sur de Chile

El científico chileno Oswaldo Ulloa (C) celebrando después de descender 8.000 metros en el Océano Pacífico, frente a las costas de Antofagasta, Chile, el 20 de enero de 2022. (Matias PIZARRO / CALADAN OCEANIC - IMO / AFP)
El científico chileno Oswaldo Ulloa (C) celebrando después de descender 8.000 metros en el Océano Pacífico, frente a las costas de Antofagasta, Chile, el 20 de enero de 2022. (Matias PIZARRO / CALADAN OCEANIC – IMO / AFP)

Descendimos a “donde ningún ser humano había llegado”: el científico chileno Osvaldo Ulloa, que lideró la expedición que en enero se sumergió a 8.000 metros de profundidad frente a las costas del país suramericano, relata los descubrimientos de nuevos organismos microscópicos sobre los que hoy los investigadores tienen más dudas que respuestas.

Ulloa, director del Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción, lideró al grupo de tres personas que bajó, a bordo del submarino Limiting Factor, a la fosa de Atacama, un enorme hueco en el océano Pacífico que se extiende por 5.900 km desde Ecuador hasta el sur de Chile.

“Hicimos la hazaña de llevar a seres humanos a la fosa donde ningún ser humano había llegado”, dice a la AFP

Ulloa.

La expedición “Atacama Hadal”, que integraron también el explorador estadounidense Víctor Vescovo, y el subdirector de Milenio, Rubén Escribano, se inició el 13 de enero y se extendió por 12 días en las costas de Mejillones y Tal Tal, en el norte de Chile.

“Ya a los 100 metros de profundidad no hay luz, lo que se suma al silencio de la profundidad”, dice Ulloa.

Fue necesario entonces “encender las potentes luces led instaladas fuera de la cápsula del submarino”, le permitieron al grupo observar lo que ningún ojo humano había podido ver antes.

“Nos encontramos con estructuras geológicas y ahí vimos un tipo de holoturias o Pepinos de Mar traslúcidos, como de gelatina, que no teníamos registrado y que lo más probable eran especies nuevas”, explica Ulloa.

“También, descubrimos unas comunidades bacterianas que incluso tenían unos filamentos que no sabíamos que existían en la fosa de Atacama y que se alimentarían de compuestos químicos e inorgánicos, eso nos abre un montón de preguntas: ¿qué compuestos son esos? ¿qué tipo de bacterias son?”.

Frente a esas preguntas admite: “No tenemos idea” sobre las respuestas. Vamos a tener que volver allí”.

La expedición encontró también especies de anfípodos (Eurythenes atacamensis) descubiertos en ese lugar en una expedición no tripulada en 2018, crustáceos carroñeros, gusanos segmentados y peces traslúcidos.

“La gran población de estos organismos encontrados va en contra de lo que sabíamos: (que) a medida que aumenta la profundidad, la abundancia y la diversidad de los organismos disminuye”, agregó.

“Sensores” de sismos

La fosa de Atacama se encuentra en el mismo lugar en el que chocan la placa de Nazca y la placa Sudamericana, dos de las placas tectónicas que forman parte del cinturón de fuego del Pacífico, causantes de los terremotos y tsunamis que con frecuencia se producen en esta zona.

“Pondremos tres sensores en la placa Sudamericana y dos en la de Nazca para ver cómo se deforma el piso oceánico, (ahora) este tipo de sensores solo existen en tierra”, dice Ulloa.

“Estos sensores permiten saber en qué zona no hubo un terremoto y (donde se) está acumulando energía y lo más probable es que ahí vaya a ser el próximo terremoto”, lo que podría ayudar a estimar el lugar de un próximo sismo, explicó.

El observatorio comenzará su instalación en el segundo semestre de este año.

“Es un proyecto tremendamente ambicioso, el experimento más grande que se ha hecho en geología submarina aquí en Chile”, dice Ulloa.

“Y hay mucho interés de la comunidad internacional para poner más sensores y usar esta región para el estudio de todos los procesos asociados al choque de estas dos placas, afirma el científico.