El reconocido diario EL PAÍS publicó un amplio reportaje en el que analiza la polémica propuesta de la presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, de organizar visitas de estudiantes a la futura cárcel de máxima seguridad como una estrategia para disuadir a los jóvenes de involucrarse con el narcotráfico y la delincuencia.
Bajo el título “Excursiones estudiantiles a una megacárcel: la última receta contra el narco que divide a Costa Rica”, el medio señala que la iniciativa ha generado un intenso debate nacional y ha despertado cuestionamientos por parte de especialistas, educadores y sectores de oposición, quienes consideran que la medida carece de evidencia sobre su eficacia y podría resultar discriminatoria hacia jóvenes de comunidades vulnerables.
Según el reportaje, la propuesta fue presentada por Fernández durante una conferencia de prensa en Casa Presidencial, donde expresó su deseo de que estudiantes de barrios con alta incidencia delictiva puedan recorrer el nuevo Centro de Alta Contención Contra la Criminalidad Organizada (CACCO) para conocer las consecuencias de optar por una vida ligada al crimen.
“Estamos a tiempo de que los jóvenes no vayan a la cárcel de máxima contención”, manifestó la mandataria al explicar la idea.
El diario explica que el nuevo centro penitenciario, inspirado en el modelo del CECOT de El Salvador impulsado por el presidente Nayib Bukele, tendrá capacidad para albergar hasta 5.000 privados de libertad considerados de alta peligrosidad, entre ellos líderes de organizaciones criminales y sicarios.
Además, EL PAÍS sostiene que el CACCO representa uno de los principales símbolos de la estrategia de “mano dura” impulsada por el Gobierno costarricense contra el crimen organizado y el narcotráfico, pero también advierte que el proyecto ha sido utilizado para presionar por reformas al sistema judicial orientadas a endurecer las políticas de seguridad.
El reportaje, firmado por el periodista Álvaro Murillo y publicado el 12 de julio de 2026, concluye que la propuesta presidencial ha polarizado la opinión pública, mientras expertos en educación y seguridad cuestionan si el miedo puede convertirse en una herramienta efectiva para prevenir que adolescentes sean reclutados por organizaciones criminales.

