A finales del siglo XIX, la etnia Maleku que habitaba las llanuras de Guatuso, fue diezmada, masacrada y secuestrada por una horda de comerciantes huleros nicaragüenses que buscan  extraer la savia de los árboles de hule de la especie Castilla, para venderlo en los Estados Unidos para la fabricación del hule, tal como lo conocemos.

De estos hechos poco conocidos por los habitantes de la Región Huetar Norte, da fe el historiador Marc Adelman con el libro: “Un Genocidio en Centroamérica: hule, esclavos, nacionalismo y la destrucción de los indígenas Guatusos-Malecus” (1998).

De acuerdo con el investigador  a final del siglo XIX, los huleros y misioneros invadieron el territorio de los indígenas Guatusos-Malekus,  quienes vivían al sur del Lago de Nicaragua  y en territorio nacional, en las llanuras de lo que hoy es Guatuso.

Cientos de mujeres y niños indígenas fueron capturados y vendidos por los huleros como esclavos en los pueblos nicaragüenses, mientras que los hombres eran obligados hacer  trabajos forzados  como cargadores de hule en la selva.

”Los clérigos e historiadores costarricenses narraron la experiencia de la comercialización del hule y de los seres humanos en la zona de Guatuso, en el marco del surgimiento de un proyecto ideológico nacionalista que contrastó la «virtud» de Costa Rica con la «barbarie» de Nicaragua. Al final de la época de auge del hule a fines de la década de 1890, más de la mitad de la población Guatuso-Maleku había sido secuestrada o asesinada o había muerto a causa de las enfermedades y la explotación desmesurada”, detalla el autor.

En esta investigación el historiador se basa en documentos  del escritor Carlos Gallini y del Obispo Bernardo Augusto Thiel, entre otros,  este último, incursionó en  1882 a estos territorios con el fin de evangelizar a la población Maleku.

De acuerdo con el historiador,  en esta época existía una verdadera fiebre por el hule, luego que en  Estados Unidos  Charles Goodyear en 1839 descubrió  como vulcanizar el  látex, de ahí que  la demanda de hule aumento en ese país. En los países centroamericanos, en especial, Nicaragua. Los huleros  empezaron a picar los árboles de hule de la variedad Castilla, para sacar la savia y vender este producto a Estados Unidos ya que era muy bien pagado.

Fue así,  como los huleros nicas incursionaron en la bajura sancarleña para hacerse de este producto que abundaba en los bosques vírgenes de esta región.

En su afán por obtener la mayor cantidad de productos, esclavizaron a los indígenas Guatusos para  obligarlos a  extraer hule, algunos, los que se revelaban fueron masacrados.  Cuenta el historiador que los niños   y mujeres eran secuestrados y llevados a Nicaragua para venderlos como sirvientes.

Extracción de hule.

Malekus fueron esclavizados

Las incursiones de los huleros nicas se hacía por medio de expediciones, entraban al suelo tico y obligaban a los Maleku  a jalar las cargas de hule que luego llevaban a Nicaragua.

El Río San Juan era la zona de mayor auge hulero en Centroamérica,  según narra los cronistas, de igual forma, se utilizaba esta ruta para la exportación del hule utilizando  el océano atlántico.

Los cronista describen a los Malekus como salvajes de piel morena y pelo castaño, habitantes de la cuenca del Río Frío. Eran sometidos con armas por los huleros. El comercio de los indios, resultó ser otra actividad lucrativa para  estos. Se  dice que más de 300 indios fueron vendidos en distintos zonas de Nicaragua para ser utilizados como sirvientes.

Fue gracias a la intervención del obispo Thiel que se logró controlar esta esclavitud y venta de indígenas.

Sus casas olían a muerto

Thiel describe las casas de habitación de los  Malekus como  grandes palenques. Los Maleku trabajan la tierra en grupos de hasta 50 individuos. Cultivan maíz, yuca y plátano. Utilizaban objetos de cerámica y vasijas de barro.  Narra que en sus casas el olor a muerto era insoportable, ya que enterraban los sus seres queridos dentro de la viviendas y a poca profundidad.

A finales del siglo XIX Thiel consiguió que el gobierno de Costa Rica viera a los indígenas Maleku como ciudadanos  costarricenses. Se pasó una ley para protegerlos de los huleros, se enviaron tropas a la zona y se pasó  otra ley  para impedir la extracción de hule, fue así como se evitó que la barbarie contra los Malekus continuara.

Durante el siglo XX la extracción de hule continuó en algunas zonas de la Región Huetar Norte, dicho producto era exportado a Estados Unidos por huleros ticos y otros venidos de Nicaragua.

El escritor José León Sánchez, nacido en la comunidad de San Rafael de Río Cuarto, Cucaracho, como le llamaban, narra ese contacto con los huleros  que habitaban esas zonas.

El río San Carlos en tiempo fue utilizado por los huleros para transportar el producto obtenidos de la bajuras de la Región y llevado al Valle Central para ser exportado.

Este capítulo oscuro de la etnia de los Guatusos-Maleku, no escapa a realidad de otras etnias costarricenses, cruelmente maltratadas, robadas y asesinadas desde tiempos de la colonia a la fecha.