Don Uribe Rojas Durán de 85 años de edad, y vecino de Quebrada Azul es un sancarleño especial, ya que durante 25 años de su vida las dedicó a cazar culebras venenosas para venderlas en el Instituto Clodomiro Picado, en Coronado, San José, para la producción de suero antiofídico.

Gracias a él, miles de vidas miles de vidas lograron salvarse debido al suero que se produce con el veneno de la culebra y que sirve como antídoto para contrarrestar el veneno de las serpientes, cuando estas han mordido alguna persona.

Este particular oficio le permitió a don  Uribe criar y mantener a su familia de diez hijos, ya que sólo vivía de esta actividad. Comprobaba las serpientes o iba a cazarlas a las montañas de la Tigra, en Pocosol de San Ramón.

Por allá de los años setenta y ochenta era el caza culebras que  surtía al Instituto de venenos de serpientes cascabel muda, terciopelo, mata buey, coral venenosa, entre otras.

Cuenta  don Uribe  que no sólo las cazaba en San Carlos, sino que viajó por casi todo el país en busca de serpientes para luego venderlas. Los campesinos la echaban en un saco y él iba recogerlas.

Don Uribe Rojas Durán, tiene 82 años.

₵5 por culebra

Contó que le pagaban por cada culebra grande ₵5, allá por los años setenta y ochenta. Llevaba a San José hasta 25 serpientes vivas en cajas de cartón. Las transporta en los maleteros de los buses que viajaban de Ciudad Quesada a la capital, pero iban bien seguras.

“El secreto de las culebras es no tenerle miedo. Con este palo (el bordón) yo agarro una toboba por grande que sea, le prenso la cabeza con el palo y la agarro y la echo en un saco. El secreto de esto es no dejarse morder, expresa. – Ningún torero español o mexicano se deja coger por el toro”, exclama don Uribe, mientras sonríe.

Asegura que dejó la actividad hace más 20 años por su edad, pero gracias a las culebras podía comprar el diario para el sustento de la familia, ya que sólo ha esto se dedicaba.

Durante años fue muy conocido en la Región y algunas partes del país, ya que además de ser cazador de culebras, adquirió fama de comerciante de serpientes. Se las compraba a campesino y luego las llevaba a San José para revenderlas en el Instituto.

Gracias a su ofició adquirió conocimientos sobre serpientes venenosas del país y ranas, que también comercializaba. Conoce cuáles son las serpientes cuyo veneno tienen efectos neurotóxicos y hemolíticas y asegura que las terciopelos, muy abundantes en la Región, paren 110 crías.

Cuenta don Uribe que algunas de las culebras que el vendía al Instituto Clodomiro Picado, este, la enviaba a Holanda, Alemania y Suiza, donde también era usadas para hacer el suero antiofídico y salvar vidas.

A su edad, dice que le agradece a Dios por dejarlo vivir tantos años y por el oficio que le dio, de cazador de culebras para salvar vidas.